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	<title>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</title>
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	<description>Blog de Domingo Díaz - Neurofilosofía y Neuroética</description>
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		<title>Neuronas espejo y empatía</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Dec 2013 13:04:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LAS PALABRAS Y LAS COSAS]]></category>
		<category><![CDATA[empatía]]></category>
		<category><![CDATA[Neurociencias]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroética y Cognición]]></category>
		<category><![CDATA[neuronas espejo]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroscience]]></category>

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		<description><![CDATA[por Domingo Díaz &#124;
Para el neurocientífico Marco Iacoboni la empatía tiene su origen en un tipo de mecanismo neuronal en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>por</em> <a href="http://www.prensaria.com/que-es-prensaria/" target="_blank">Domingo Díaz</a> |</p>
<p>Para el neurocientífico Marco Iacoboni la empatía tiene su origen en un tipo de mecanismo neuronal en el que intervienen las neuronas espejo[1], puesto que el cerebro entendería lo que ve, determina el  sentir o sentimiento del sujeto:</p>
<div id="attachment_18433" class="wp-caption aligncenter" style="width: 430px"><a href="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/12/500px-gray728.gif"><img class="size-full wp-image-18433   " title="Principal fissures and lobes of the cerebrum viewed laterally" src="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/12/500px-gray728.gif" alt="500px-gray728" width="420" height="285" /></a><p class="wp-caption-text">Principal fissures and lobes of the cerebrum viewed laterally (imagen:<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/File:Gray728.svg#filelinks" target="_blank" rel="nofollow">Principal fissures and lobes of the cerebrum viewed laterally/Wikipedia</a>)</p></div>
<p><span id="more-18403"></span></p>
<blockquote><p>[…] el circuito de imitación central simularía (o imitaría internamente) las expresiones faciales emocionales de otras personas. Luego esta actividad modularía la actividad del sistema límbico (a través de la ínsula) donde la emoción relacionada con una expresión facial es percibida por el observador[2].</p></blockquote>
<p>¿De qué habla Iacoboni cuando habla de «empatía»? En este punto es evidente la influencia del laboratorio de Parma. Como él mismo comenta en <em>Las neuronas espejo</em>, fue el neurocientífico Vittorio Gallese quien propuso al equipo de investigación que las neuronas espejo cumplen una función determinante en la comprensión y en la empatía respecto a las emociones de otras personas. Además, Gallese transmitió al grupo su interés por la fenomenología de Maurice Merleau Ponty y trabajos de estética del psicólogo alemán Theodore Lipps, quien describiría la relación entre la obra de arte y el espectador como <em>Einfühlung</em> (empatía). Luego, Lipps hizo una ampliación de dicho concepto con el propósito de incluir a las interacciones interpersonales. Para ilustrar la forma de cómo percibimos los movimientos de los demás y los imitamos en nuestro cerebro, puso de ejemplo a un espectador que observa el trabajo de un volatinero en la cuerda. En el momento de la observación, todos los espectadores estaríamos dentro del acróbata[3].</p>
<p>El papel fundamental de la empatía en nuestra vida social es más que evidente, ya que nos permite compartir emociones, experiencias y necesidades comunes. Para Iacoboni, las neurociencias pueden confirmar la existencia de un vínculo fuerte entre las neuronas espejo y la empatía. Sin embargo, otras posturas más prudentes, advierten de que aún tenemos pocos datos que puedan confirmar que un sistema de neuronas espejo sea el substrato que permite atribuir intenciones a los demás. ¿Cuáles son estos indicios indirectos que ven los neurocientíficos para deducir la existencia de neuronas espejo en humanos? Los datos ofrecidos por las resonancias magnéticas muestran una mayor actividad en la zona cerebral que es homóloga al área del cerebro F5 de los monos. Sin embargo, estos estudios no pueden ofrecer una certidumbre en su totalidad.</p>
<p>Algunos neurocientíficos[4] consideran que nuestras respuestas empáticas para entender los estados mentales de los demás se explican mejor a partir de simulación, es decir, que podemos entender, por ejemplo, el sufrimiento de los demás porque nuestro cerebro simula una expresión facial de tristeza. Esta misma simulación puede trasladarse a otros estados, como el miedo, la ira, el desagrado, etcétera. La hipótesis de la simulación propuesta por Iacoboni puede parecer a primera vista satisfactoria, sin embargo, las evidencias que expliquen en su totalidad la correlación causa-efecto son aún insuficientes. Frente a esta hipótesis[5] se han presentado una serie estudios experimentales realizados con resonancias magnéticas (RMF). Aquí solo  mencionaremos dos ejemplos que pueden despertar nuestra atención acerca de lo que realmente sentimos en determinadas situaciones, de esta manera podremos confrontarlos con la hipótesis de la simulación.</p>
<p>Con el propósito de ahondar un poco más esta controversia, a continuación trabajaremos un par de ejemplos sencillos —el dolor ajeno y las expresiones son claves en la hipótesis de la simulación— que pueden ayudarnos a comprender esta controversia. Los argumentos trabajados originalmente por Patricia Churchland buscan desmontar parte del optimismo puesto en la «teoría de la simulación», además, se trata de ejemplos que podemos experimentar en forma personal y extraer nuestras propias conclusiones. En la primera argumentación, la autora analiza, desde su punto de vista —desde su fenomenología, dice textualmente— qué es lo que siente cuando ve que alguien llora después que una avispa le ha picado en el pié, siendo el contexto de la situación muy variado, ya que puede depender si el que llora es su bebé o un intruso que se ha colado en su jardín. Llevemos al extremo la situación y supongamos que quien ha recibido la picadura en un familiar muy cercano, por ejemplo, nuestro hijo. En tal caso, nosotros no sentimos literalmente el dolor del aguijón en nuestro pié. Lo que sí podemos sentir es un rechazo visceral al dolor y el impulso de asistir al infortunado con un antihistamínico[6]. El segundo argumento está relacionado con la observación, por ejemplo, de una persona enfadada que puede no generar ira en el observador, sino miedo, vergüenza o risa, todo esto dependiendo del contexto. Podemos reconocer el enfado, sin enfadarnos, y también el disgusto sin disgustarnos. Llevando el ejemplo al límite, también podemos sentir alivio o alegría si nuestro enemigo sufre algún dolor. Sin embargo, estos y otros escollos en forma de estudios experimentales no han podido mitigar el entusiasmo por las neuronas espejo.</p>
<p>Según Iacoboni, la imitación está estrechamente relacionada con la finalidad, el movimiento reflejo y un sistema de neuronas espejo. Todo este conjunto conforma el circuito central de imitación que se despliega en las acciones empáticas. Sin embargo, es necesario estar atentos a los datos disponibles, ya que estos no terminan de explicar cómo se produce la conducta imitativa. El tal sentido se han señalado dos objeciones que es oportuno tener en cuenta al momento de hacer una evaluación general de la hipótesis de la imitación basada en un sistema de neuronas espejo. La primera señala que el fenómeno espejo descrito en el experimento clásico con monos no es en realidad una imitación, puesto que el primate no imita lo que ve, ni sus músculos muestran algún movimiento relacionado. La segunda objeción, un metaanálisis[7] ha demostrado que no existen datos fidedignos de que el área 44 del cerebro humano participe durante los procesos de imitación. Estos estudios no demuestran que el sistema de neuronas espejo no participa en la imitación, tan solo nos muestra que:</p>
<blockquote><p>La presunta afirmación de que el área 44 forma parte del sistema humano de neuronas espejo y que por tanto forma parte del circuito básico de la imitación no es coherente con los datos de la IRMf que resalta las zonas que registran una mayor actividad durante la imitación[8].</p></blockquote>
<p>Los diferentes casos presentados por los neurocientíficos dan cuenta de que la hipótesis de la empatía asentada en simulación no está lo suficientemente probada. La idea de V. Gallese —asimismo, compartida por Iacoboni—, de que las neuronas espejo pueden funcionar como el asiento de nuestras experiencias de identificación y empatía, resulta muy interesante. Sin embargo, las críticas más agudas la han señalado como un intento más de hacer «encajar las neuronas espejo en los agujeros existentes en nuestras teorías»[9].</p>
<p>Como podemos comprobar, estos temas centrales en neuroética resultarían imposibles de tratar sin una ayuda tecnológica adecuada y los ensayos que las neurociencias están desarrollando en los laboratorios. Su importancia radica en una visión renovada, con datos actualizados y contrastados empíricamente, de aquellas preguntas que siempre han tenido en vilo a los filósofos. No obstante, desde la perspectiva filosófica, la prudencia, el análisis concienzudo y la crítica frente a las publicaciones sensacionalistas de alto impacto en el campo de las neurociencias serán siempre la mejor actitud hacia el camino del conocimiento seguro.</p>
<hr size="1" />Notas<br />
[1] En opinión de Iacoboni, las neuronas espejo componen una potente y compleja red torneada por el proceso evolutivo que nos permite reproducir en nuestro cerebro las acciones de otras personas.</p>
<p>[2] Patricia Smith Churchland and Carme Font Paz, El Cerebro Moral: Lo que la Neurociencia Nos Cuenta Sobre la Moralidad (Barcelona: Paidós, 2012), 166.</p>
<p>[3] Marco Iacoboni, Las Neuronas Espejo: Empatía, Neuropolítica, Autismo, Imitación o de Cómo Entendemos a los Otros, 1a ed., 2a. (Buenos Aires: (Arg): Katz, 2011).</p>
<p>[4] La explicación de la empatía propuesta por Iacoboni parte del circuito de imitación central que imita las expresiones faciales de otras personas. Esta actividad trabaja modulando la actividad del sistema límbico a través de la ínsula donde la emoción relacionada con una expresión facial determinada es percibida por un observador. Esta imitación precede al reconocimiento de los sentimientos, aportándonos una base para que podamos atribuir sentimientos a las demás personas. Véase Patricia Smith Churchland and Carme Font Paz, El Cerebro Moral: Lo que la Neurociencia Nos Cuenta Sobre la Moralidad (Barcelona: Paidós, 2012), 166.</p>
<p>[5] Si bien se han presentado varios estudios que ponen en entredicho la teoría de Iacoboni —de que la empatía depende de la simulación—, es quizás el de India Morrison y Paul Downing uno de los experimentos más cuidados con resonancia magnética funcional para probar la correlación de la actividad cerebral durante el dolor visto y sentido. Cuando los datos fueron analizado en su conjunto mostraron una activación conjunta de una pequeña región de la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior. Tomados así, los datos parecían confirmar la presencia de una conducta espejo propuesta por Iacoboni. Sin embargo, la media del grupo enmascaraba los resultados individuales que, una vez analizados uno por uno, el resultado fue diferente: En seis de los once sujetos se detectó una pequeña área activa tanto en condiciones de observación como de sentimiento; en los cinco restantes, por el contrario, las zonas activadas por el dolor visto y sentido no se solapaban. Los resultados de estos experimentos incrementaban el nivel de incertidumbre acerca de los datos analizados con la resonancia magnética. Ibid., 168.</p>
<p>[6] La sensación de rechazo se denomina «emoción homeostática». En este ejemplo P. Churchland pone de manifiesto que aproximadamente el 1% de la población puede sentir literalmente el mismo dolor y en el mismo lugar son personas que sufren una sinestesia al tacto. «El hecho de que las personas que sufren esas sinestesias sean solo una fracción diminuta de la población indica que el resto suele responder con sensaciones generalizadas de rechazo cuando alguien se queja del dolor de un aguijonazo». Ibid., 169.</p>
<p>[7] Se ha sugerido que el sistema de neuronas espejo proporciona un importante sustrato neural para la capacidad del ser humano de imitar. Las neuronas espejo se han encontrado durante las grabaciones unicelulares en monos en zona F5 y PF. Se cree que el equivalente humano de este sistema de espejo en los seres humanos es la pars opercularis de la circunvolución frontal inferior (área 44) y la parte rostral del lóbulo parietal inferior. El metaanálisis, usando la estimación de la probabilidad de activación (ALE activation likelihood estimation), reveló que el lóbulo parietal superior, lóbulo parietal inferior y el córtex premotor dorsal, pero no el giro frontal inferior, están implicado en la imitación. Un metaanálisis adicional, usando una revisión basada en etiquetas, confirmó que en el lóbulo frontal, la corteza premotora en lugar del giro frontal inferior, está constantemente activo en estudios que investigaron la imitación. En la región parietal los lóbulos parietales superiores e inferiores se activan igualmente durante la imitación. Los resultados sugieren que las regiones frontales y parietales, que se extienden más allá de la red de neuronas espejo clásico son cruciales para la imitación. Véase Pascal Molenberghs, Ross Cunnington, and Jason B Mattingley, «Is the Mirror Neuron System Involved in Imitation? A Short Review and Meta-Analysis», Neuroscience &amp; Biobehavioral Reviews 33, no. 7 (2009): 975–980, http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S014976340900044X (accessed December 16, 2012).</p>
<p>[8] Patricia Smith Churchland and Carme Font Paz, El Cerebro Moral: Lo que la Neurociencia Nos Cuenta Sobre la Moralidad (Barcelona: Paidós, 2012), 171.</p>
<p>[9] Susan S. Jones, «The Role of Mirror Neurons in Imitation: A commentary on V. Gallese», ed. Susan Hurley and Nick Chater, vol. 1 (Cambridge, MA, US: MIT Press, 2005), 205–210.</p>
<hr size="1" />Referencias Bibliográficas<br />
Churchland, Patricia Smith, and Carme Font Paz. El Cerebro Moral: Lo que la Neurociencia Nos Cuenta Sobre la Moralidad. Barcelona: Paidós, 2012.</p>
<p>Iacoboni, Marco. Las Neuronas Espejo: Empatía, Neuropolítica, Autismo, Imitación o de Cómo Entendemos a los Otros. 1a ed., 2a. Buenos Aires: (Arg): Katz, 2011.</p>
<p>Jones, Susan S. «The Role of Mirror Neurons in Imitation: A commentary on V. Gallese». edited by Susan Hurley and Nick Chater, 1:205–210. Cambridge, MA, US: MIT Press, 2005.</p>
<p>Molenberghs, Pascal, Ross Cunnington, and Jason B Mattingley. «Is the Mirror Neuron System Involved in Imitation? A Short Review and Meta-Analysis». Neuroscience &amp; Biobehavioral Reviews 33, no. 7 (2009): 975–980. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S014976340900044X (accessed December 16, 2012).</p>
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		<title>Dilemata Nº13 «Responsabilidades y justicia global»</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Nov 2013 07:39:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LECTURAS]]></category>

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		<description><![CDATA[
Txetxu Ausín (Ed.) [septiembre 2013]
Dilemata. Revista Internacional de Éticas Aplicadas, España
ISSN: 1989-7022
http://www.dilemata.net

Sin duda alguna, cualquier individuo que tenga un mínimo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/11/dilemata_13.jpg"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-18255" style="border: 1px solid gainsboro; margin: 4px;" title="Dilemata Nº13_«Responsabilidades y justicia global»" src="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/11/dilemata_13-100x150.jpg" alt="Dilemata Nº13_«Responsabilidades y justicia global»" width="100" height="150" /></a><br />
<strong>Txetxu Ausín</strong> (Ed.) [septiembre 2013]<br />
Dilemata. Revista Internacional de Éticas Aplicadas, España<br />
ISSN: 1989-7022<br />
http://www.dilemata.net<br />
<span id="more-18256"></span><br />
Sin duda alguna, cualquier individuo que tenga un mínimo de sentido moral desea vivir en una sociedad en donde impere la justicia. En un mundo crecientemente globalizado e interdependiente, en el que las políticas de un país afectan a personas muy lejanas de sus fronteras, el desafío consiste en encontrar consenso con respecto a qué es la justicia, cómo lograrla, y quién es responsable de qué en el camino hacia un mundo más justo.</p>
<p>Uno de los retos más importantes a los que nos enfrentamos filósofos, economistas, sociólogos, antropólogos, trabajadores sociales e historiadores, entre otros, es comprender y cuestionar las justificaciones económicas y morales que subyacen a las políticas económicas globales propiciadas por el ideario neoliberal, así como proponer alternativas viables a los modelos dominantes. Científicos sociales de todo signo se interrogan acerca de las políticas de austeridad que los gobiernos de una buena parte del mundo intentan imponer a sus ciudadanos, desmantelando el Estado de bienestar y beneficiando a las grandes corporaciones mediante privatizaciones de los servicios públicos, exenciones de impuestos a los más ricos, etc.</p>
<p>Las políticas que benefician a una minoría de individuos adinerados a costa del bienestar de la mayoría de la población no se restringen al ámbito nacional. Una creciente desigualdad también amenaza la esfera internacional, en donde las estructuras económicas internacionales protegen a los ricos y perpetúan la pobreza. El mundo en su conjunto nunca ha sido tan próspero y al mismo tiempo tan desigual como en el momento presente.</p>
<p>Este número 13 de DILEMATA pone el acento en estas injusticias desde varios puntos de vista, aunque con ello no se pretende agotar, ni mucho menos, el debate. Quedan abiertas las puertas para cualquier nueva aportación que pretenda denunciar, corregir, encarar o mejorar alguna de las cuestiones aquí expuestas.</p>
<p>La sección de debate de este número se compone de ocho artículos. En el primer artículo, Iñigo de Miguel reflexiona sobre el consumo como una herramienta de poder que los ciudadanos del mundo podemos utilizar para recuperar el control de una economía que se resiste al control político tradicional. Jorge Urdánoz analiza nuevas formas de participación y defiende el valor de la representación como la forma de participación política más igualitaria. Aldo Mascareño explora el caso de la lex mercatoria y argumenta que la justicia global y la justicia sectorial se alinean a través de principios limitativos y constituyentes de la justicia sectorial. Daniel Loewe examina y critica cuatro principios de asignación de costes de políticas ambientales para hacer frente al cambio climático, avanzando una propuesta basada en los principios de “quien contamina, paga” y “quien se beneficia, paga”. Sergio García Magariño pone en cuestión la pretendida imparcialidad del funcionamiento del sistema de seguridad colectiva de la ONU, analizando dieciocho casos de violencia política de la segunda mitad del siglo XX. En su segundo artículo en este número, Iñigo de Miguel se pregunta quién fue el responsable de la reciente tragedia del edificio Rana Plaza en Bangladesh. A continuación Jesús Javier Alemán examina dos propuestas concretas de inversión socialmente responsable para contribuir como ciudadanos a un sistema económico más democrático y más justo. La sección sobre justicia y responsabilidades globales se cierra con un artículo de Thomas Pogge y Mitu Sengupta que incide en las necesarias reformas institucionales para hacer realmente efectivos los objetivos que habrán de sustituir a partir del 2015 a los Objetivos de Desarrollo del Milenio.</p>
<p>El debate concluye con una extensa entrevista a Thomas Pogge, Profesor Leitner de Filosofía y Relaciones Internacionales en la Universidad de Yale. En ella, Pogge habla, entre otras cosas, sobre las estructuras internacionales que perpetúan la pobreza, los deberes negativos que tenemos los ciudadanos de países desarrollados de no contribuir a la injusticia, y el rol de la filosofía en la lucha contra la pobreza y la injusticia.</p>
<p>El número se completa con artículos sobre el discurso del odio, la ética de la gestión de residuos, la discapacidad desde la perspectiva del reconocimiento recíproco y la reflexión ética sobre la demografía y el anti-natalismo, además de una reseña sobre el debate entre Gary Francione y Robert Garner sobre los derechos de los animales.</p>
<p>Cerramos con tres importantes documentos de ética aplicada: ODISEAS, sobre bioética, reanimación cardiopulmonar y donación de órganos en asistolia; ASAP, Academics Stand Against Poverty; y la Declaración Internacional de Águilas sobre bioética, derechos humanos y diversidad funcional.</p>
<p><strong>Debate</strong><br />
Recuperando el control sobre la economía: El consumo como herramienta de poder<br />
(Iñigo de Miguel Beriain)</p>
<p>Pobreza, votos y nuevas formas de participación. Una defensa de la representación política (Jorge Urdánoz Ganuza)</p>
<p>Justicia global y justicia sectorial en la sociedad mundial. Momentos de universalidad en la lex mercatoria (Aldo Mascareño)</p>
<p>El calentamiento global y la asignación de los costes de las políticas medioambientales<br />
(Daniel Loewe)</p>
<p>Un análisis de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU ante el principio de la responsabilidad de proteger (Sergio García Magariño)</p>
<p>Algunas reflexiones acerca de la tragedia del rana plaza: ¿quién fue el responsable? (Iñigo de Miguel Beriain)</p>
<p>La responsabilidad global de las finanzas. Dos propuestas concretas de inversión socialmente responsable (Jesús Javier Alemán Alonso)</p>
<p>¿Podemos tener objetivos de verdad, por favor? Por qué las alternativas propuestas para reemplazar a los Objetivos de Desarrollo del Milenio no tendrían éxito (Thomas Pogge, Mitu Sengupta)</p>
<p><strong>Artículos</strong><br />
Dimensión demográfica del sufrimiento: reflexiones éticas sobre antinatalismo en el contexto del futuro sostenible (Miguel Steiner, José Vives-Rego)</p>
<p>Discapacidad y reconocimiento: reflexiones desde el prisma de Axel Honneth<br />
(Paulina Morales Aguilera, Beatriz Vallés González)</p>
<p>Niveles éticos y gestión de residuos: Evaluando el sistema de recogida selectiva “puerta a puerta” (Antonio Casado da Rocha)</p>
<p>Discurso discriminatorio y derechos políticos: algunas reflexiones a propósito de la obra de John Stuart Mill (Ricardo Cueva Fernández)</p>
<p><strong>Reseñas</strong><br />
¿Trato o uso? El fin de la explotación animal (Sara Martín Blanco)</p>
<p><strong>Entrevista</strong><br />
Entrevista al Profesor Thomas Pogge para Dilemata (Dilemata)</p>
<p><strong>Documentos</strong><br />
Bioética, reanimación cardiopulmonar y donación de órganos en asistolia (Pablo de Lora, Iván Ortega-Deballon, David Rodríguez-Arias, José Antonio Seoane, Alfredo Serrano, Rosana Triviño)</p>
<p>ASAP, Academics Stand Against Poverty</p>
<p>DECLARACIÓN INTERNACIONAL DE ÁGUILAS “Bioética, Derechos Humanos y Diversidad Funcional”</p>
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		<title>Las neuronas espejo</title>
		<link>http://www.prensaria.com/neuronas-espejo-iparte/</link>
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		<pubDate>Wed, 28 Aug 2013 09:36:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LAS PALABRAS Y LAS COSAS]]></category>

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		<description><![CDATA[por Domingo Díaz &#124;
Los experimentos invasivos[1] realizados con electrodos implantados en los cerebros de los monos Rhesus revelaron un hallazgo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>por</em> <a href="http://www.prensaria.com/que-es-prensaria/" target="_blank">Domingo Díaz</a> |</p>
<p>Los experimentos invasivos<a href="#_edn1">[1]</a> realizados con electrodos implantados en los cerebros de los monos <em>Rhesus</em> revelaron un hallazgo fascinante: las neuronas espejo. Dicho descubrimiento, fortuito, según comenta Marco Iacoboni<a href="#_edn2">[2]</a>, alentó las expectativas de los científicos cognitivos con respecto al estudio de los mecanismos neuronales para comprender los estados mentales de los demás. Si bien las sospechas de la existencia de un mecanismo de funcionamiento similar no es algo novedoso, la historia de las neuronas espejo comenzó su camino en la Universidad de Parma, en el laboratorio de neurofisiología a cargo de Giacomo Rizzolatti.</p>
<div id="attachment_18177" class="wp-caption aligncenter" style="width: 430px"><a href="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/08/Makak-neonatal-imitation.gif"><img class="size-full wp-image-18177" title="Makak neonatal imitation" src="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/08/Makak-neonatal-imitation.gif" alt="Makak neonatal imitation" width="420" height="161" /></a><p class="wp-caption-text">Makak neonatal imitation (imagen:<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Makak_neonatal_imitation.png" target="_blank" rel="nofollow">Evolution of Neonatal Imitation. Gross L, PLoS Biology Vol. 4/9/2006, e311 doi:10.1371/journal.pbio.0040311/Wikipedia</a>)</p></div>
<p><span id="more-18174"></span><br />
Las neuronas espejo se corresponden con una subcategoría que se encuentra en la corteza prefrontal del cerebro del mono, localizadas específicamente en el área denominada F5<a href="#_edn3">[3]</a>. Los electrodos implantados en esta área fueron los encargados de registrar todos los cambios eléctricos —denominados por los neurofisiólogos «potenciales de acción»— que se producían, segundo a segundo, en la superficie de cada neurona cuando los monos, por ejemplo, realizaban ciertas tareas a cambio de pequeñas recompensas alimentarias. Estos cambios registrados en los potenciales de acción indicaban que una determinada neurona estaba activada en un momento dado. Cuando una neurona «se dispara», es decir, que muestra un estímulo, lo hace para codificar un «evento sensorial» (ver un objeto o una acción), un «acto motor» (coger una fruta) o un «proceso cognitivo» (recordar una acción determinada):</p>
<blockquote><p>El simple hecho de que un subconjunto de las células del cerebro —las neuronas espejo— se activen cuando una persona patea una pelota, ve que alguien patea una pelota, oye que alguien patea una pelota, y aun cuando solo pronuncia u oye la palabra «patear», conlleva consecuencias asombrosas y nuevos modos de comprensión (Iacoboni 2011, 20).</p></blockquote>
<p>Los neurofisiólogos lograron identificar, entre los diferentes subconjunto celulares estudiados, que cualquier célula solo es capaz de codificar una de estas actividades, en cambio, las neuronas espejo pueden codificar dos. Asimismo, las señales eléctricas producidas por las neuronas sirven para la comunicación física inter-neuronal a través de una larga cadena de axones (Iacoboni 2011, 30).</p>
<p>Estos experimentos ofrecieron por primera vez pruebas fidedignas de una cierta actividad en la zona F5, tanto cuando el mono ve que otro individuo coge un objeto (al llevarse comida a la boca) como cuando él mismo realiza esa acción (cuando él mismo se lleva comida a la boca). Sin embargo, con el propósito de no alimentar una burbuja de falso optimismo y evaluar con un criterio de prudencia esta primera fase de las investigaciones, debemos señalar que solo un porcentaje pequeño de las neuronas testadas —un 17%— mostraron actividad (Churchland and Paz 2012, 153). Otras acciones ensayadas no activaron las neuronas espejo de los macacos porque estas no responden ante la pantomima de una acción. Según Iacoboni, este grupo de neuronas solo es capaz de codificar las acciones que el mono puede realizar, es decir, que se encuentran en su repertorio motor (Iacoboni 2011, 44).</p>
<p>Dado el puntapié inicial en las investigaciones, el laboratorio de Parma consiguió demostrar que las neuronas espejo pueden identificar y responder a acciones muy parecidas entre sí, por ejemplo, la acción de «sujetar para conseguir» y «sujetar para comer»:</p>
<blockquote><p>Un subconjunto de neuronas responde cuando el mono ve o hace un amago de movimiento en el que el objeto que se coge se coloca en un recipiente sobre el hombro, aunque una población distinta de neuronas responda cuando ve o hace un movimiento muy parecido que coge un objeto y se lo lleva a la boca. En sus informes, el laboratorio de Rizzolatti interpretó estos datos en el sentido de que estas neuronas representan una «finalidad» o «intención»<a href="#_edn4">[4]</a>.</p></blockquote>
<p>A la luz de las interpretaciones de los neurofisiólogos italianos, estos resultados suponían era un verdadero paso de gigante, pues los macacos del laboratorio eran capaces distinguir una intención. Si estaban en lo cierto y las neuronas espejo eran capaces de representar una finalidad o intención, dicho descubrimiento permitiría el salto a la comprensión de la neurobiología de la atribución mental.</p>
<p>Alentados por las expectativas de que las neuronas espejo pudiesen codificar las intensiones, el filósofo Alvin Goldman —defensor de una teoría de la simulación— y el neurocientífico Vittorio Gallese —un ferviente seguidor de la fenomenología de M. Merleau-Ponty— presentaron en 1998 una hipótesis de carácter general que postulaba por primera vez que las neuronas espejo «pueden ser el correlato neuronal de los procesos de simulación necesarios para entender otras mentes» (Iacoboni 2011, 26), es decir, que poseen la capacidad para atribuir pensamientos e intenciones a otras personas. En resumidas cuentas, lo que estaban diciendo Gallese y Goldman era que las neuronas espejo podrían explicar una «teoría de la mente».</p>
<p>Esta hipótesis sostiene que, para que seamos capaces de sentir lo que sienten otras personas, por ejemplo, amor, odio o deseo, debemos simularlo nosotros mismos. Sin embargo, el problema que se plantea es saber de qué manera nuestro cerebro es capaz de realizar una simulación para que produzca tales resultados (Churchland and Paz 2012, 155). La clave reside en que las neuronas de la corteza premotora simulan un movimiento cuando observamos que alguien lo realiza, es «como si quisieran hacerlo sin hacerlo en realidad». Supongamos que observamos que alguien coge una cuchara y la introduce en un plato de sopa, inmediatamente nuestras neuronas simulan ese movimiento del cual conocemos previamente su significado —que es comer—, deduciendo luego que la acción que está realizando la persona observada es comer.</p>
<p>Si bien la hipótesis de la simulación de Gallese y Goldman podía explicar el mecanismo de atribución u objetivos, no obstante, no lograba resolver el mecanismo de funcionamiento de las creencias o las emociones. Las objeciones por parte de los neurocientíficos no tardaron en llegar, volatilizando rápidamente las expectativas generadas, puesto que, los datos del laboratorio, no descartaban otras hipótesis más elementales como, por ejemplo, que la codificación de los movimientos por parte de las neuronas espejo sea tan sutil que permita distinguir entre «asir para conseguir» y «asir para comer». Los autores del estudio habían asegurado que el en proceso cerebral para atribuir una intención a otra persona intervienen tres pasos —a) el movimiento observado debe corresponderse con la activación del sistema motor del observador; <em>b</em>) la intención asociada a ese movimiento se representará automáticamente en el observador y se dará a conocer; y <em>c</em>) atribución de la misma intención a la persona observada— sin embargo, Leonardo Fogassi, otro de los investigadores del equipo de Parma, reconoció la dificultad que existe para determinar las intenciones de los demás a partir de la sola observación<a href="#_edn5">[5]</a>. A juicio de Churchland, el problema fundamental de esta hipótesis es que deja sin explicar cuáles son los mecanismos implicados en la atribución mental ajena y propia<a href="#_edn6">[6]</a>. La autora considera como una probabilidad que la capacidad de atribuir intenciones y objetivos —los estados mentales— pueda darse a partir de un aprendizaje en conjunto, social, y no como un desarrollo arraigado en la conciencia de uno mismo que luego se extiende a los demás.</p>
<p>Por medio de implantes de electrodos en el cerebro se ha podido determinar la existencia de neuronas espejo en macacos <em>Reshus</em>. Dicha técnica invasiva está prohibida, por cuestiones éticas y legales, llevarla a cabo en humanos y primates de gran tamaño. Los resultados de estos estudios permitieron a los neurocientíficos llegar a la hipótesis, guiados por la analogía de la fisiología neuronal de los macacos, de que un sistema de neuronas espejo está presente detrás de las capacidades humanas para atribuir objetivos e intenciones en los demás. Sin embargo, las investigaciones realizadas a través de técnicas de imagen, como la tomografía por emisión de positrones (TEP) o la resonancia magnética (RMF) no pueden demostrar la existencia de neuronas espejo en humanos, solo pueden proporcionarnos «indicios indirectos de su existencia»<a href="#_edn7">[7]</a>.</p>
<hr size="1" />Notas<br />
[1] Los implantes de electrodos en macacos se realizaron a través de la cirugía cerebral. Sin embargo, estas técnicas invasivas no están permitidas, por cuestiones éticas y legales, en humanos o grandes simios. Para los estudios en humanos se utilizan técnicas no invasivas como la captura de imágenes por resonancia magnética nuclear funcional (RMNf)  o la magnetoencefalografía (MEG), entre otras. Los experimentos comentados fueron publicados por primera vez en 1992. Véase el artículo de G. Pellegrino et al., «Understanding Motor Events: A Neurophysiological Study», <em>Experimental Brain Research</em> 91, no. 1 (1992): 176–180, http://dx.doi.org/10.1007/BF00230027 (accessed January 11, 2013).</p>
<p><a href="#_ednref2">[2]</a> Marco Iacoboni considera que el descubrimiento de las neuronas espejo puede ofrecer una explicación neurofisiológica cierta acerca de las formas complejas de cognición e interacción sociales. El investigador va un poco más lejos y concluye que el reconocimiento de las acciones de los demás nos permitiría conocer, asimismo, sus motivaciones e intenciones. Si bien esto puede constituir un avance muy importante para entender ciertas posiciones sostenidas desde la neuroética, es necesario, no obstante, tener en cuenta las observaciones realizadas a tales conclusiones que la consideran un tanto precipitadas.</p>
<p><a href="#_ednref3">[3]</a> La región F5 abarca la corteza premotora y la corteza parietal inferior. Las neuronas de esta región están especializadas en codificar un movimiento específico, por ejemplo, los movimientos de las manos.</p>
<p><a href="#_ednref4">[4]</a> El artículo original citado Patricia Churchland de las investigaciones del laboratorio de Parma fue publicado en <em>Science</em>. Véase: L. Fogassi et al., «Parietal Lobe: From Action Organization to Intention Understanding», <em>Science (New York, N.Y.)</em> 308, no. 5722 (2005): 662–667. Asimismo, este artículo complementa otra investigación anterior del mismo equipo. Véase: Vittorio Gallese et al., «Action recognition in the Premotor Cortex», <em>Brain</em> 119, no. 2 (1996): 593–609, <a href="http://brain.oxfordjournals.org/content/119/2/593">http://brain.oxfordjournals.org/content/119/2/593</a>. (accessed February 7, 2013). Churchland and Paz, <em>op. cit</em>., 153.</p>
<p><a href="#_ednref5">[5]</a> Patricia Churchland menciona tres problemas que se enfrentan a los tres pasos de la teoría de la simulación: <em>a</em>) ¿De qué modo el cerebro selecciona una cadena motora?; <em>b</em>) ¿cómo, mediante la observación y la simulación de tu movimiento, llega mi cerebro a representar lo que sería mi intención de hacer le movimiento que has hecho?; y <em>c</em>) ¿cómo decide el cerebro cuál es la intención relevante del individuo en un simulacro de movimiento? La autora hace referencia al estudio de Fogassi <em>et al.</em> Véase Churchland and Paz, <em>El Cerebro Moral: Lo que la Neurociencia Nos Cuenta Sobre la Moralidad</em>, 157.</p>
<p><a href="#_ednref6">[6]</a> Para Rizzolatti y su equipo el funcionamiento del  mecanismo de atribución parece ser bastante sencillo de explicar. Véase Fogassi <em>et al</em>., <em>op. cit.</em>, 666.</p>
<p><a href="#_ednref7">[7]</a> Fiel a su escepticismo moderado, P. Churchland insistirá en la ausencia de pruebas sólidas que certifique la presencia de mecanismos que hacen posible la atribución mental propia y ajena, y su relación con la hipótesis de la simulación.</p>
<hr size="1" />Referencias<br />
Churchland, Patricia Smith, and Carme Font Paz. 2012. <em>El Cerebro Moral: Lo Que La Neurociencia Nos Cuenta Sobre La Moralidad</em>. Barcelona: Paidós.</p>
<p>Fogassi, L., P. F. Ferrari, B. Gesierich, S. Rozzi, F. Chersi, and G. Rizzolatti. “Parietal Lobe: From Action Organization to Intention Understanding.” <em>Science (New York, N.Y.)</em> 308, no. 5722 (2005): 662–667.</p>
<p>Iacoboni, Marco. 2011. <em>Las Neuronas Espejo: Empatía, Neuropolítica, Autismo, Imitación o de Cómo Entendemos a Los Otros</em>. 1<sup>a</sup> ed., 2<sup>a</sup>. Buenos Aires: (Arg): Katz.</p>
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		<title>El caso de Phineas P. Gage y el estudio de las emociones</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Jul 2013 08:50:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LAS PALABRAS Y LAS COSAS]]></category>

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		<description><![CDATA[por Domingo Díaz &#124;
«Cuando señalo, miren a dónde señalo, no a mi dedo» (Warren McCulloch)
La historia de Phineas Gage (Damasio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>por</em> <a href="http://www.prensaria.com/que-es-prensaria/">Domingo Díaz</a> |</p>
<p>«Cuando señalo, miren a dónde señalo, no a mi dedo» (Warren McCulloch)</p>
<p>La historia de Phineas Gage (Damasio 1996, 21-39), como tantas otras, no es alegre ni tampoco tiene un tiene final feliz, sin embargo representa uno de los grandes íconos en donde se asienta la neurociencia contemporánea. Paradojas de la vida, la suya</p>
<div id="attachment_18117" class="wp-caption aligncenter" style="width: 430px"><a href="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/07/550px-simulated_connectivity_damage_of_phineas_gage.gif" target="_blank"><img class="size-full wp-image-18117 " style="margin: 4px;" title="Simulated Connectivity Damage of Phineas Gage" src="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/07/550px-simulated_connectivity_damage_of_phineas_gage.gif" alt="550px-simulated_connectivity_damage_of_phineas_gage" width="420" height="586" /></a><p class="wp-caption-text">Simulated Connectivity Damage of Phineas Gage (imagen:<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/File:Simulated_Connectivity_Damage_of_Phineas_Gage.png" target="_blank" rel="nofollow">Van Horn JD, Irimia A, Torgerson CM, Chambers MC, Kikinis R, et al./Wikipedia</a>)</p></div>
<p><span id="more-18079"></span></p>
<blockquote><p>[…] daba a entender un hecho sorprendente: de algún modo había sistemas en el cerebro humano dedicados más al razonamiento que a cualquier otra cosa, y en particular a las dimensiones personales y sociales del razonamiento (Damasio 1996, 29).</p></blockquote>
<p>Phineas Gage trabajaba de capataz de la construcción para el Ferrocarril Rutland &amp; Burlington en Nueva Inglaterra. El 13 de septiembre de 1848, a la edad de veinticinco años, sufrió un terrible accidente laboral mientras preparaba una carga explosiva para abrir camino en la roca dura. El hecho aconteció, según relato de los testigos a los periodistas que siguieron el suceso, por unos segundos de distracción al momento de apisonar la pólvora con su barra de hierro de cinco kilos y medio y un metro con cinco centímetros de longitud. Unas chipas provocadas por el roce del barreno de hierro que manipulaba Gage con las piedras del agujero detonó la carga, explotando de lleno en la cara del desafortunado capataz:</p>
<blockquote><p>[…] El hierro ha penetrado por la mejilla izquierda de Gage, perfora la base del cráneo, atraviesa la parte frontal del mismo y sale a gran velocidad a través de la parte superior de la cabeza. La barra aterriza a más de treinta metros de distancia cubierta de sangre y sesos (Damasio 1996, 22).</p></blockquote>
<p>Phineas «sobrevivió» del accidente y su recuperación física fue asombrosa —según el relato de su médico personal, el doctor John Harlow—, aunque con el paso del tiempo comenzaron a manifestarse alteraciones importantes en su conducta. Se tornará un ser asocial y agresivo, un problema para la sociedad. Sin trabajo y abandonado por todos, muere a la edad de treinta y ocho años.</p>
<p>En <em>El error de Descartes</em>, Antonio Damasio expone este caso paradigmático en la historia de la neurología y las neurociencias. Para el investigador portugués, «Gage no es Gage» luego del terrible accidente. De momento, dejaremos aparcada para otra ocasión la discusión acerca de posibles inexactitudes teórico-filosóficas del autor<a href="#_ftn1">[1]</a> y nos centraremos en dos cuestiones fundamentales derivadas del análisis del caso Gage: <em>a</em>) su lesión mostraba por primera vez que había en el cerebro humano —como comentamos— un sistema dedicado al razonamiento por sobre otra función y que esta afectaba específicamente a las dimensiones personales y sociales del razonamiento, es decir, a la conducta moral y ética del individuo; y <em>b</em>) que una lesión cerebral semejante podía llegar borrar cualquier norma ética que el sujeto pudiese haber aprendido.</p>
<p>Siguiendo el relato el doctor Harlow —el médico personal de Phineas—, Gage se había transformado en otro ser, una persona inmoral, de conducta inapropiada que había perdido todo el respeto a los valores y a las convenciones sociales, más proclive a los cuentos y fantasía que a los buenos modales. Mientras los debates médicos en torno al caso Gage se centraban en el tema de la localización del lenguaje y el movimiento, solo Harlow fue capaz de ver «hacia donde señala el dedo». Hoy sabemos con certidumbre que estos síntomas están asociados a la desfrontralización, una involución de los lóbulos temporales, y al síndrome orbitofrontal manifestado en el cambio de personalidad.</p>
<p>El caso Gage mostraba por primera vez una conexión directa entre una lesión cerebral en los lóbulos frontales<a href="#_ftn2">[2]</a> y los trastornos de personalidad y comportamiento social. Para Damasio esta triste historia encierra un profundo significado y enseñanza para las neurociencias —y neuroética—, pues:</p>
<blockquote><p>[…] La práctica de las convenciones sociales y normas éticas adquiridas previamente (al accidente) podía perderse como resultado de una lesión  cerebral, aun cuando ni el intelecto básico ni el lenguaje parecían hallarse comprometidos (Damasio 1996, 29).</p></blockquote>
<p>Para comprender el alcance que ha tenido el caso de Phineas Gage en la historia de la neurología moderna, debemos remontarnos hasta el siglo XVIII. Que en la actualidad aceptemos como una verdad irrenunciable que la corteza cerebral<a href="#_ftn3">[3]</a> ejerce un papel fundamental en la actividad mental no es ninguna novedad, no obstante, hasta bien entrado el siglo XVIII, esta estructura cerebral será considerada carente de funcionalidad, teniendo un carácter meramente protector, de ahí el nombre córtex, del latín <em>corticea</em> —corteza—. Debemos a Franz Joseph Gall (1758-1828) la vinculación del córtex cerebral con la actividad mental, es decir, que las distintas facultades afectivas e intelectuales están localizadas en áreas determinadas de la corteza cerebral. Sus postulados supusieron una auténtica revolución, pues sentaron las bases del estudio fisiológico del sistema nervioso central y la segmentación de la corteza cerebral en diferentes áreas funcionales. Las críticas contra sus tesis en forma de censura, sobre todo desde los ámbitos políticos y religiosos, no se hicieron esperar. Por decreto fue prohibida cualquier conferencia o edición de sus manuscritos por ser considerados contrarios a la moral y a la religión.</p>
<p>El naturalista francés George Cuvier (1769-1832), por orden de Napoleón I, dirigirá una comisión de la Academia de Ciencias con el propósito de estudiar la tesis de Gall. En dicha investigación destacará la figura de Marie Jean-Pierre Flourens (1794-1867) quien, frente al trabajo de Gall sostendrá que el córtex es una región homogénea y equipotencial. Sus tesis serán aceptadas rápidamente por la comunidad científica y tenidas por dogma hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX. Si  bien las discrepancias existentes entre la tesis de Gall y la sostenida por Flourens sobre la organización del córtex cerebral son importantes, ambos coincidirán en que esta estructura ejerce una función destacada en la actividad cerebral, dejando a un lado aquellas que sostenían que el córtex solo desempeñaba una mera función protectora.</p>
<p>Como comentamos más arriba, el caso de Gage marcará un antes y un después en los estudios funcionales del córtex cerebral, pues en 1848, año del accidente de Gage, aún es considerado como una estructura homogénea e indiferenciada desde el punto de vista funcional. Será a partir del tercer tercio del siglo XIX en que se describirán las circunvoluciones cerebrales tal como conocemos actualmente, destacando especialmente las investigaciones de Paul Broca (1824-1880), Gustav Theodor Fritsch (1838-1927) y Eduard Hitzing (1838-1907).</p>
<p>En 1873, el médico inglés David Ferrier (1848-1928) influido por los trabajos de Fritsch y Hitzing inicia una exploración sistemática del córtex cerebral en vertebrados con el objetivo de ratificar la hipótesis de localización cortical realizada por John Hughlings Jackson quien, partiendo de observaciones clínicas de pacientes con epilepsia, postulará que las funciones sensoriomotoras están representadas en el córtex cerebral de un modo organizado y localizado. Ferrier, por su parte, elaborará un mapa cortical muy preciso de las representaciones motoras y sensoriales a partir de la extirpación de tejido cerebral y la estimulación eléctrica. En 1876, y tras haber extirpado a tres simios una gran parte del córtex prefrontal, llega a la conclusión en <em>The Functions of the Brain</em> de que ninguno de ellos presenta ninguna alteración en los procesos sensoriales, motores o perceptivos. Tales hallazgos, sumados a las observaciones realizadas en humanos con lesiones masivas localizadas en los lóbulos frontales, le permitirán establecer un paralelismo causal, incluyendo el caso tales estudios el caso de Phineas Gage. Sin embargo, dos años más tarde, el 15 de marzo de 1878 Ferrier presenta su conocida ponencia <em>The localisation of cerebral diseases</em> en la que expone nuevamente el caso Gage, no obstante, esta vez hará hincapié en las  importantes modificaciones y alteraciones en el comportamiento como consecuencia de las lesiones sufridas tras el accidente. Este cambio radical —en apenas dos años de investigación— se debió a que las fuentes de información que Ferrier manejaba eran las de Harlow (1848) y Bigelow (1850), en las que no se mencionaba ninguna alteración observada en la conducta de Gage —recordemos que vivió doce años luego del accidente— que, luego de veinte años —bien entradas la década de 1870—, serán rescatadas por el propio Ferrier en <em>The localisation of cerebral diseases </em>(García Molina 2012).</p>
<p>La historia Gage describe muy bien una parte de los comienzos de la neurología —por cierto, un camino no exento de grandes obstáculos—, y el esfuerzo de los primeros investigadores por desvelar los misterios que encierra la materia cerebral. Asimismo, su relevancia para la neurociencia está más que justificada. A pesar de la mutación en un ser obsceno e inmoral para la sociedad —«Gage ya no es Gage» dirá Damasio—, Gage siguió manteniendo por muchos años intacta su capacidad de razonamiento. Tal y como hemos visto, esta situación es posible porque, más allá de la pérdida de masa cerebral del lóbulo frontal, de ningún modo se vio afectada su capacidad de razonamiento. Una vez superado el desconcierto de los primeros años de  observaciones, el infortunio de Gage aportó a las investigaciones de los neurólogos las pruebas que señalaban la existencia en el cerebro humano de sistemas que posibilitan el correcto funcionamiento de las estructuras del razonamiento social y las facultades indispensables para la conducta moral. El propio Damasio considera que los pacientes que presentan un déficit en la estructura del lóbulo frontal —al igual que Gage—  con deterioro de lo que denomina «emociones sociales» —simpatía, culpa y vergüenza—, aún sabiendo lo que es correcto o incorrecto desde el punto de vista social, fallan en tomar las decisiones adecuadas por el daño de las emociones sociales (Ruiz Rey 2009). Hoy sabemos, gracias a la lectura de imágenes cerebrales y la neurotecnología, la localización en el cerebro de estas áreas específicas que muestran la vinculación entre la capacidad de razonar y la de sentir y detectar los fallos emocionales que pueden generar una conducta antisocial.</p>
<p>El autor afirma que los sentimientos de dolor o placer constituyen los cimientos de nuestra mente (Damasio 2005, 9), y que más allá de cualquier idea de intangibilidad de los mismos, estos pueden ser conocidos términos biológicos y neurobiológicos. La puerta de entrada a estos estudios fueron las lesiones cerebrales localizadas en determinadas áreas cerebrales de pacientes neurológicos que exteriorizaban una sintomatología especial, tal como no experimentar vergüenza o sentir compasión, cuando correspondía sentir vergüenza o compasión. Lo asombroso de estos estudios fue que una lesión en un área determinada del cerebro no hacía desaparecer todos los sentimientos, concluyéndose la existencia de varios sistemas cerebrales que son capaces de controlar sentimientos diferentes. Asimismo, cuando un paciente perdía la capacidad para expresar una determinada emoción, perdía también la capacidad de experimentar el sentimiento correspondiente. No obstante, no ocurría al contrario: quienes perdían la capacidad de expresar determinados sentimientos todavía podía expresar las emociones correspondientes. Estos estudios de Damasio hicieron pensar que las emociones preceden a los sentimientos (Damasio 2005, 12).</p>
<p>Victoria Camps, en el <em>Gobierno de las emociones</em>, reconoce este aporte significativo de la psicología cognitiva y las neurociencias en el tema de las emociones y los sentimientos, y la estrecha vinculación de estos en nuestras decisiones morales. Esta perspectiva —recogida en la Antigüedad por la magistral obra de Aristóteles— conectaba a la ética con la educación más que con una lista de deberes y preceptos, propios de la Modernidad. Esta época erigió al sujeto autónomo capaz de dictarse sus propias leyes, normas y deberes; un individuo alejado de cualquier estigma de sentimiento que pudiese contaminar la razón. Sin embargo, las tradiciones racionalistas puras serán incapaces de sostener una separación radical entre la razón y la emoción —temas tratados en la ética como sentimientos, afectos o pasiones—. Tan fuerte ha sido la reacción contra esta corriente que hemos pasado del «reduccionismo racionalista al reduccionismo emocional contemporáneo» (Camps 2011, 12). La autora, siguiendo la línea argumental Aristóteles-Spinoza-Hume, propone un equilibrio entre la razón y las emociones:</p>
<blockquote><p>Precisamente, lo que hay que evitar son los antagonismos, no apostar por las emociones sin más ni por la racionalidad pura, pues ni los sentimientos son irracionales ni la racionalidad se consolida sin el apoyo de los sentimientos (Camps 2011, 21).</p></blockquote>
<p>Conclusión<br />
Si bien en la historia de la ética, a través de sus corrientes y autores, podemos encontrar una abundante bibliografía que hablan de la importancia de las pasiones, los afectos y los sentimientos en  la conducta moral, los estudios acerca de las emociones fueron importados al acervo filosófico desde la psicología cognitiva y la neurología, quienes se han encargado de pulir los conceptos, identificando, a partir de los estudios neurológicos realizados con pacientes, una diferencia ordinal-secuencial entre las emociones y los sentimientos en la medida que se manifiestan: en esta secuencia primero aparecen las emociones las cuales producen o son síntomas de la existencia de determinados sentimientos. Desde la perspectiva filosófica, los estudios de las emociones interesan por la relación que puedan tener con la razón, considerándose actualmente una continuidad entre lo sensible y lo racional.</p>
<p>Determinar e identificar ciertas variantes conceptuales en neuroética sería imposible sin un desarrollo adecuado de las neurociencias. La dependencia tecnológica de nuestra disciplina es la evidencia de un acierto antes que defecto metodológico. Una vez más, como fuera en la Modernidad la química o la física, el instrumental tecnológico nos tiende una mano de ayuda para cruzar la frontera del conocimiento y corregir cualquier desviación en las conclusiones filosóficas, por cierto, cada vez más complejas. Las neurociencias no son un enemigo a batir o al que hay que temer, sino un fiel colaborador del laboratorio que trabaja con una fuente de información de primer orden. Quizás, sin esta ayuda esencial, el paradigmático caso Gage yacería olvidado en los anaqueles junto a otros historiales clínicos, y hoy no estaríamos hablando de la estrecha relación subyacente entre determinadas áreas cerebrales, las emociones, los sentimientos y la conducta humana.</p>
<p>Este ejemplo nos ha servido para exponer de qué manera el desarrollo de las neurociencias —a partir de la tecnología— está actualizando el estudio de las emociones y su relación con la conducta moral. No es de extrañar que la ética contemporánea, la neuroética y las ciencias sociales se hagan eco de estos resultados e integren es sus líneas de investigaciones estos nuevos estudios.</p>
<hr size="1" /><a href="#_ftnref1">[1]</a> Adela Cortina pone de manifiesto que la interpretación hecha por Damasio en <em>El error de Descartes</em> acerca de  la teoría cartesiana de la separación de la razón y el sentimiento no es tan evidente con el neurocientífico supone. No obstante, es justo reconocer el desarrollo de las neurociencias en cuestiones tan importantes como lo es la relación entre la razón y las emociones. (Cortina 2011, 32)</p>
<p><a href="#_ftnref2">[2]</a> Ubicado en la región delantera de los dos hemisferios cerebrales, el lóbulo frontal es considerado el centro emocional de nuestra personalidad. Si bien no mantiene funcione vitales, es importante en la dinámica de los procesos de la personalidad, inteligencia, movimientos voluntarios, planificación y otros procesos complejos que se desarrollan en el cerebro. El síndrome orbitofrontal se produce a raíz de una lesión a cualquier nivel del circuito orbitofrontal, y está asociado con desinhibición, conductas inapropiadas, irritabilidad, labilidad emocional, distractibilidad y dificultades para responder a señales sociales. Las principales características que presentan los pacientes son las siguientes: <em>a</em>) Conducta desinhibida, conductas inapropiadas en su naturaleza o en el contexto social en que se presentan. Fallas en el control de los impulsos —agresividad sin motivo, bulimia—, con incapacidad de inhibir respuestas incorrectas, son generalmente, reiterativos; <em>b</em>) Síndrome de dependencia ambiental, descrito inicialmente por Lhermitte, incluye la tendencia a imitar al examinador, tocando y utilizando todos los objetos que tienen a su alcance —conducta de imitación y utilización—; <em>c</em>) «Sentido del humor», conocido clásicamente como «moria». Se refiere a que el paciente parece divertirse con lo que a nadie le hace gracia. Sin embargo, también puede atribuirse a una incapacidad para «captar» el sentido de un chiste; y <em>d</em>) Desorden de la auto-regulación: inhabilidad de regular las conductas de acuerdo a los requerimientos y objetivos internos. Surge de la inhabilidad de mantener una representación del sí-mismo on-line y de utilizar esta información del sí mismo para inhibir respuestas inapropiadas. Este déficit es más aparente en situaciones poco estructuradas. (Lobulofrontadc 2013).</p>
<p><a href="#_ftnref3">[3]</a> Este manto de tejido nervioso recubre la superficie de los dos hemisferios cerebrales. Es una delgada capa de materia gris en donde ocurre la percepción, la imaginación, el pensamiento, el juicio y la decisión.</p>
<p>Referencias<br />
Camps, Victoria. 2011. <em>El Gobierno de Las Emociones</em>. Barcelona: Herder.</p>
<p>Cortina, Adela. 2011. <em>Neuroética y Neuropolítica: Sugerencias Para La Educación Moral</em>. Madrid: Tecnos.</p>
<p>Damasio, Antonio R. 1996. <em>El Error de Descartes: La Emoción, La Razón y El Cerebro Humano</em>. Barcelona: Crítica.</p>
<p>———. 2005. <em>En Busca de Spinoza: Neurobiología de La Emoción y Los Sentimientos</em>. Barcelona: Crítica.</p>
<p>García Molina, A. 2012. “Phineas Gage y El Enigma Del Córtex Prefrontal.” <em>Neurología &#8211; Editorial Elsevier</em> 27 (06): 370–375.  http://www.elsevier.es/es/revistas/neurologia-295/phineas-gage-enigma-cortex-prefrontal-90143669-apunte-historico-2012.</p>
<p>Lobulofrontadc. 2013. “Lóbulo Frontal.” (Accessed April 10, 2013). https://sites.google.com/site/lobulofrontaldc/.</p>
<p>Ruiz  Rey, Fernando. 2009. “Libre Albedrío y Neurociencias. Tercera Parte.  Neuroética: Neurociencia de La Ética, Acrecentamiento de Habilidades,  Acción Voluntaria y Responsabilidad.” <em>Psquiatría.com</em> 13 (3). http://www.psiquiatria.com/revistas/index.php/psiquiatriacom/article/view/437/.</p>
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		<title>Dilemata Nº12 «Debate: Biopolítica y Democracia»</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Jun 2013 18:48:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LECTURAS]]></category>

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Txetxu Ausín (Ed.) [mayo 2013]
Dilemata. Revista Internacional de Éticas Aplicadas, España
ISSN: 1989-7022
http://www.dilemata.net

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<strong>Txetxu Ausín</strong> (Ed.) [mayo 2013]<br />
Dilemata. Revista Internacional de Éticas Aplicadas, España<br />
ISSN: 1989-7022<br />
http://www.dilemata.net<br />
<span id="more-17993"></span><br />
DILEMATA es un revista electrónica cuatrimestral en torno a lo que se conoce como ‘ética práctica’, ‘ética en acción’ o ‘filosofía y asuntos públicos’. Contempla una pluralidad de cuestiones, problemas y dominios: biomedicina, medio ambiente, otros animales, negocios, investigación científica, comunicación, sexualidad, etc. etc. DILEMATA aspira a fomentar la participación social en el debate público, propiciando la información, la transparencia y la intervención de no expertos en la deliberación y la toma de decisiones de dimensión moral, propiciando asimismo el encuentro entre especialistas en diferentes campos de la ética contemporánea. DILEMATA está mantenido por un colectivo de profesores e investigadores de universidades y centros de investigación españoles y latinoamericanos. Incluye secciones de debate, artículos, reseñas y entrevistas en profundidad.</p>
<p><strong>Debate</strong><br />
• En torno a la norma: algunas reflexiones sobre biopolítica y soberanía en diálogo con Michel Foucault y Roberto Esposito<br />
Melania Moscoso</p>
<p>• Biopolítica y subjetividad<br />
Domingo Fernández Agis</p>
<p>• Tras los monstruos de la biopolítica<br />
Isabel Balza</p>
<p>• Vida, inmanencia y democracia spinoziana<br />
Jesús Ezquerra Gómez</p>
<p>• Aproximación a una fundamentación ecológica de la democracia<br />
Francisco Garrido</p>
<p>• Fronteras y migraciones. La crisis de los cayucos en las Islas Canarias y la ceguera del liberalismo igualitarista<br />
María José Guerra Palmero</p>
<p>• Déficit democrático y problemas ético-jurídicos en el proceso de privatización de la gestión y servicios sanitarios en la Comunidad de Madrid<br />
Miguel Moreno Muñoz</p>
<p>• Mercado de trabajo y trastornos alimentarios: las condiciones morales y políticas de la resistencia<br />
José Luis Moreno Pestaña</p>
<p><strong>Artículos</strong><br />
• Por una eco-antropología de lo común<br />
Luciano Espinosa</p>
<p>• La reintegración socioambiental derivada de la negación de la voluntad de vivir<br />
Sandra Baquedano Jer</p>
<p>• Aproximación jurídica al concepto de derecho de autor. Intento de calificación como libertad de producción artística y científica o como derecho de propiedad<br />
Gemma Minero Alejandre</p>
<p>• Una visión feminista de la empresa: Aportaciones de la ética del cuidado a la ética empresarial María Ángeles Arráez Monllor</p>
<p><strong>Reseñas</strong><br />
• On the need of moral enhancement. A critical comment of “Unfit for the future” of I. Persson and J. Savulescu<br />
Jose Luis Peres Triviño</p>
<p>• El cuerpo como campo de batalla moral<br />
Nuria Peist</p>
<p><strong>Crónicas</strong><br />
• A través del espejo, entre la cámara y el alma: migración senegalesa en el objetivo, debates mestizos en la Universidad de Granada<br />
Ester Massó Guijarro</p>
<p>• Entrevista<br />
Entrevista a José Mª Gª Gómez-Heras: una vida filosófica tendiendo puentes<br />
Txetxu Ausín</p>
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		<item>
		<title>Ethical considerations in the globalization of medicine. An interview with James Giordano</title>
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		<pubDate>Sun, 19 May 2013 09:29:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LECTURAS]]></category>

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		<description><![CDATA[
James Giordano
BioMed Central The Open Acces Publisher, UK
Open-Access Research Article
http://www.biomedcentral.com/

Introduction
Prof. James Giordano is Chief of the Neuroethics Studies Program in [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/05/logo_biomed-central.gif"><img class="size-thumbnail wp-image-17943 alignleft" style="border: 1px solid gainsboro; margin: 4px;" title="BioMed Central" src="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/05/logo_biomed-central-100x150.gif" alt="BioMed Central" width="100" height="150" /></a><br />
<strong>James Giordano</strong><br />
BioMed Central The Open Acces Publisher, UK<br />
Open-Access Research Article<br />
http://www.biomedcentral.com/<br />
<span id="more-17944"></span><br />
<strong>Introduction</strong><br />
Prof. James Giordano is Chief of the Neuroethics Studies Program in the Center for Clinical Bioethics, and is on the faculty of the Division of Integrative Physiology, and Graduate Liberal Studies Program at Georgetown University, Washington, DC, USA. He is Clark Fellow in Neurosciences and Ethics at the Human Science Center of Ludwig-Maximilians Universität, Munich, Germany, is 2012–2014 William H. and Ruth Crane Schaefer Distinguished Visiting Professor of Neuroethics at Gallaudet University, Washington, DC, and is also a Senior Fellow of the Potomac Institute for Policy Studies &#8211; a Washington-DC area think tank dedicated to the assessment of emerging developments in science and technology, and the ethico-legal and social issues they foster.</p>
<p>As a neuroscientist and neuroethicist, his ongoing research includes the neuroethics of pain research and treatment, and also focuses upon the ways that neuroscience and neurobiotechnology research are conducted in various cultures. Prof. Giordano&#8217;s work addresses the potential for leveraging scientific and technologic power in &#8211; and over &#8211; marginalized populations, and the possibility to exert &#8220;biopower&#8221; through neuroscientific and neurotechnological capability in regional and global economics and social structures. Also, Prof Giordano&#8217;s studies assess the limitations of neuroscience and neurotechnology, the persistent unknowns inherent to neuroscientific research, and the problems of informed consent and obtaining clinical equipoise when utilizing these approaches in clinical practice. His research group is working to both evaluate the validity and value of existing approaches to neuroethics, and to engage discourse toward developing a more cosmopolitan approach to neuroethics that reflects, and could be viable for use in the evermore diverse world-culture of the 21st century.</p>
<p>In this Q&amp;A, we talk to Prof. Giordano about some of the most important ethical problems that should be considered when conducting biomedical research in all types of clinical settings, with particular emphasis on some of the main challenges of research in low-and-middle-income countries.</p>
<p><strong>Citation</strong><br />
Giordano, James. «Ethical Considerations in the Globalization of Medicine &#8211; An Interview with James Giordano». BMC Medicine 11, no. 1 (2013): 69. http://www.biomedcentral.com/1741-7015/11/69 (accessed May 19, 2013).</p>
<p><strong>Article Source</strong><br />
http://www.biomedcentral.com/1741-7015/11/69#</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>¿La molécula de la moral? (IIª Parte)</title>
		<link>http://www.prensaria.com/la-molecula-de-la-moral-ii-parte/</link>
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		<pubDate>Mon, 01 Apr 2013 07:11:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LAS PALABRAS Y LAS COSAS]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroeconomía]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroethics]]></category>
		<category><![CDATA[NEUROÉTICA-NEUROCIENCIA]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroscience]]></category>

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		<description><![CDATA[por Domingo Díaz &#124;
La importancia de este péptido radica en que es el centro de una complicada red de adaptaciones [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>por</em> <a href="http://www.prensaria.com/que-es-prensaria/" target="_blank">Domingo Díaz</a> |</p>
<p>La importancia de este péptido radica en que es el centro de una complicada red de adaptaciones que poseen los mamíferos para el cuidado de los demás (Churchland and Paz 2012, 25). La evolución en el cerebro de los mamíferos permitió que la oxitocina se adaptase para atender las tareas del cuidado de la descendencia, y más tarde, ampliar este cuidado a los grupos sociales. Visto de esta manera, el análisis propuesto por Patricia Churchland en El cerebro moral pone de manifiesto la función central de la oxitocina en nuestra moralidad.</p>
<div id="attachment_17843" class="wp-caption aligncenter" style="width: 430px"><a href="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/03/img_tetrapeptido.gif" target="_blank"><img class="size-full wp-image-17843     " style="margin-top: 4px; margin-bottom: 4px;" title=" Tetrapeptide structural formulae" src="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/03/img_tetrapeptido.gif" alt="img_tetrapeptido" width="420" height="284" /></a><p class="wp-caption-text">Fórmula estructural del tetrapéptido (imagen:<a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Tetrapeptide_structural_formulae_v.1.png" target="_blank" rel="nofollow">Jü/Wikipedia</a>)</p></div>
<p><span id="more-17844"></span><br />
La capacidad que nos permite extender el cuidado personal más allá de nosotros mismos depende de mecanismos cerebrales y corporales que «maternalizan» el cerebro de la hembra, dependiendo en última instancia de un grupo de hormonas en el que se encuentran la oxitocina y la vasopresina arginina. «Es casi seguro que estos mecanismos no fueron, en un principio, seleccionados para servir a una serie amplia de finalidades sociales, sino que solo pretendían asegurar que la hembra contara con los recursos y la motivación necesarios para amamantar, defender y, en términos más generales, dedicarse al bienestar de sus indefensos pequeños hasta que pudieran valerse por sí mismos» (Churchland and Paz 2012, 43).</p>
<p>Los fetos de las mamíferas embarazadas liberan un grupo de hormonas a través del torrente sanguíneo que actúa principalmente sobre las neuronas de las estructuras subcorticales, «maternalizando» el cerebro de la madre. Se han observado en las hembras mamíferas, incluidas las humanas, patrones comunes de conductas, tales como: comer más, preparación del nido o el acondicionamiento de un lugar seguro para el parto. En cuanto al nivel de producción de oxitocina durante el embarazo, este se regula al alza, siendo también fundamental en la subida de la leche durante la lactancia.</p>
<p>Una cuestión fundamental para destacar es la modificación en los mecanismos cerebrales que nos lleva del cuidado de la propia descendencia al cuidado de individuos ajenos a ellas, es decir, al centro de la moralidad.</p>
<p>Referencias<br />
Churchland, Patricia Smith y Carme Font Paz (Trad.). 2012. <em>El cerebro moral. Lo que la neurociencia nos cuenta sobre la moralidad</em>. Barcelona: Paidós.</p>
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		<title>¿La molécula de la moral? (Iª Parte)</title>
		<link>http://www.prensaria.com/la-molecula-de-la-moral-i-parte/</link>
		<comments>http://www.prensaria.com/la-molecula-de-la-moral-i-parte/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 23 Mar 2013 11:41:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LAS PALABRAS Y LAS COSAS]]></category>
		<category><![CDATA[BIOÉTICA-ÉTICA APLICADA]]></category>
		<category><![CDATA[Neurociencias]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroeconomía]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroethics]]></category>
		<category><![CDATA[NEUROÉTICA-NEUROCIENCIA]]></category>

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		<description><![CDATA[por Domingo Díaz &#124;
La oxitocina (neuropéptido o cadena de aminoácidos) es una hormona relacionada con los patrones sexuales y con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>por</em> <a href="http://www.prensaria.com/que-es-prensaria/" target="_blank">Domingo Díaz</a> |</p>
<p>La oxitocina (neuropéptido o cadena de aminoácidos) es una hormona relacionada con los patrones sexuales y con la conducta maternal y paternal que es liberada por la glándula pituitaria o hipófisis. Esta hormona se encuentra en todos los vertebrados, aunque la evolución de los mamíferos la adaptó al cuidado de la descendencia y la ampliación de los círculos sociales.</p>
<div id="attachment_17703" class="wp-caption aligncenter" style="width: 430px"><img class="size-full wp-image-17703           " style="margin-top: 4px; margin-bottom: 4px;" title="Modelo CPK de la molecula Oxitocina" src="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/03/molecula.jpg" alt="CPK model of the Oxitocin molecule" width="420" height="284" /><p class="wp-caption-text">Modelo CPK de la molecula Oxitocina (imagen: <a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:OxitocinaCPK3D.png" target="_blank" rel="nofollow">MindZiper/Wikipedia</a>)</p></div>
<p><span id="more-17704"></span><br />
En  <em>La Molécula de Moral. La fuente de amor y prosperidad </em>(Flanagan-Cato 2012), el neuroeconomista Paul J. Zak describe una intersección fascinante de la neurociencia, la antropología cultural, la economía, la filosofía y la política. Sus principales estudios relacionan la oxitocina con la confianza social, una investigación biológica de la conducta ética. La fuente de esta relación la encontramos en un experimento económico realizado en 2005 (Zak, Stanton, and Ahmadi 2007) en el cual se analizó el comportamiento de los participantes que, para asombro de Zak, los individuos que presentaban una mayor confianza en el comportamiento pro-social eran quienes tenían un mayor nivel de oxitocina en la sangre.</p>
<p>El investigador considera que este péptido, favorecido por la evolución, promueve el comportamiento maternal y social, incluso la monogamia en una variedad de especies. Muchos de los comportamientos sociales que no pueden ser explicados por la oxitocina están asociados a variaciones en la testosterona, por ejemplo, las diferencias en el comportamiento sexual, la infidelidad, la aplicación de reglas y la agresión. Asimismo, diversos problemas de comportamiento, adquiridos ya sea por maltrato en el crecimiento o problemas congénitos, tales como el autismo o la psicopatía, pueden estar relacionados con una disfunción de oxitocina. A pesar de que estos problemas específicos de salud mental son notablemente diferentes, los individuos afectados y la sociedad misma se beneficiarían considerablemente si las investigaciones sobre la oxitocina dan pistas para tratar y prevenir estos graves problemas de conducta.</p>
<p>Por otra parte, el doctor Zak propone que las actividades de la comunidad, tales como el baile, la vida en la naturaleza y la búsqueda espiritual promueven la liberación de oxitocina proporcionando una sensación de bienestar general. Además de las aplicaciones clínicas, las investigaciones acerca de la oxitocina pueden traducirse en enfoques de psicología positiva, ya que uno mismo puede proveerse los regímenes de higiene emocional con dosis adecuadas de convivencia —y de oración, según sea el caso—, ideadas para mejorar nuestra secreción de oxitocina.</p>
<p>Referencias<br />
Flanagan-Cato, Loretta M. 2012. «Are You Responsible for Your Hormones?» <em>Cerebrum-Dana Foundation</em>. http://www.dana.org/news/cerebrum/detail.aspx?id=39296.</p>
<p>Zak, Paul J, Angela A Stanton, and Sheila Ahmadi. 2007. «Oxytocin Increases Generosity in Humans.» <em>PLOS ONE</em> 2 (11): e1128. doi:10.1371/journal.pone.0001128. http://dx.plos.org/10.1371%2Fjournal.pone.0001128.</p>
<p><em><em> </em></em></p>
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		<title>Isegoría Nº47 ¿Religión sin Dios?</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Mar 2013 07:37:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LECTURAS]]></category>
		<category><![CDATA[Ethics]]></category>
		<category><![CDATA[Filosofía Moral y Política]]></category>
		<category><![CDATA[Investigadores]]></category>
		<category><![CDATA[REVISTAS CIENTÍFICAS]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.prensaria.com/?p=17690</guid>
		<description><![CDATA[Nº 47 [2012]
Instituto de Filosofía (CSIC), España
eISSN: 1988-8376
ISSN: 1130-2097
doi:10.3989/isegoria.2012.i46
http://isegoria.revistas.csic.es/

Isegoría es una revista de Filosofía moral y política, fundada en 1990 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="size-full wp-image-15640 alignleft" style="border: 1px solid gainsboro; margin: 4px;" title="Revista Isegoría_CCHS-CSIC" src="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2011/07/isegoria.jpg" alt="Revista Isegoría_CCHS-CSIC" width="100" height="150" />Nº 47</strong> [2012]<br />
Instituto de Filosofía (CSIC), España<br />
eISSN: 1988-8376<br />
ISSN: 1130-2097<br />
doi:10.3989/isegoria.2012.i46<br />
http://isegoria.revistas.csic.es/<br />
<span id="more-17690"></span><br />
Isegoría es una revista de Filosofía moral y política, fundada en 1990 por Javier Muguerza y editada semestralmente por el Instituto de Filosofía del CSIC. Su ámbito temático es el de la reflexión ética, la filosofía política, la filosofía del derecho, la filosofía de la historia, la filosofía de la religión, la filosofía de la ciencia, la filosofía analítica, la sociología, la economía, la ecología, el feminismo y todo cuanto guarde alguna relación con la teoría y la práctica del obrar humano.</p>
<p>Los contenidos de Isegoría están indizados en Web of Science (Thomson-ISI) A&amp;HCI, SCOPUS, y otras prestigiosas bases de datos.</p>
<p><strong>Sumario</strong><br />
<strong>Artículos</strong><br />
¿Religión sin Dios? XXI Conferencias Aranguren<br />
• Manuel Fraijó</p>
<p>¿Hasta cuándo la religión?<br />
• Mercè Rius</p>
<p>La sociedad insustentable. Provisiones para una comprensión de las crisis contemporáneas, y las crisis de la sociología<br />
• Ramón Antonio Gutiérrez Palacios</p>
<p>Cuidar del mundo. Labor, trabajo y acción «en una compleja red de sostenimiento de la vida»<br />
• José María Muñoz Terrón</p>
<p>Don Quijote, Hamlet y el cogito. Sobre las raíces de la estética en la filosofía moderna<br />
• Vicente Serrano</p>
<p>La ciudad inhóspita promovida por Heidegger<br />
• Alejandro Rojas Jiménez</p>
<p>El problema de la utopía en Gilles Deleuze<br />
• Marcelo Antonelli</p>
<p><strong>Notas y Discusiones</strong><br />
Religión e historia en los ensayos de Rafael Sánchez Ferlosio<br />
• Juan Antonio Ruescas Juárez</p>
<p>El anarquismo moderado del primer Savater<br />
• Marta Nogueroles</p>
<p>Igualdad y mérito ¿un conflicto de valores?<br />
• Olof Page</p>
<p>Justicia como imparcialidad dialógica. Una perspectiva de la justicia imparcial compatible con las demandas de los grupos desfavorecidos<br />
• Iván Teimil García</p>
<p>Conservadurismo británico contemporáneo: John Gray y la teoría política del modus vivendi<br />
• Jorge del Palacio Martín</p>
<p>Democracias y populismos en América del Sur: Otra perspectiva. Un comentario a «La democracia en América Latina: la alternativa entre populismo y democracia deliberativa» de Osvaldo Guariglia<br />
• Martín Retamozo</p>
<p>Para ver entre las sombras: la mirada de Albert Camus<br />
• Luciano Espinosa Rubio</p>
<p><strong>Crítica de Libros </strong><br />
• Crítica de libros<br />
Martha Palacio Avendaño, Iñigo González Ricoy, Tamara Palacio Ricondo, Rafael Ramis Barceló, Cristopher Morales, Sonia E. Rodríguez, Margarita Pintos, Ana Romero de Pablos, Eduardo Maura Zorita, Oriol Farrés Juste, Teresa Pérez Salaverría</p>
<p><strong>Informaciones </strong><br />
Quintín Racionero Carmona. In memoriam<br />
• Concha Roldán</p>
<p>Quintín Racionero, catedrático de filosofía de la UNED<br />
• Manuel Fraijó</p>
<p>Francisco Fernández Buey: un clásico de la filosofía desde abajo<br />
• Jordi Mir García</p>
<p>Lista de evaluadores 2011-2012<br />
• Equipo Editorial</p>
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		</item>
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		<title>Oxytocin Increases Generosity in Humans</title>
		<link>http://www.prensaria.com/oxytocin-increases-generosity-in-humans/</link>
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		<pubDate>Thu, 21 Mar 2013 07:42:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LECTURAS]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroeconomics]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroethics]]></category>
		<category><![CDATA[Research Article]]></category>

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		<description><![CDATA[
Paul J. Zak-Angela A. Stanton-Sheila Ahmadi
PLOS ONE Journals, US
Open-Access Research Article
http://www.plosone.org

Abstract
Human beings routinely help strangers at costs to themselves. Sometimes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/03/cover_plosone1.gif" target="_blank"><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-17684" style="margin: 4px;" title="Oxytocin Increases Generosity in Humans" src="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/03/cover_plosone1-100x150.gif" alt="Oxytocin Increases Generosity in Humans" width="100" height="150" /></a><br />
<strong>Paul J. Zak</strong>-<strong>Angela A. Stanton</strong>-<strong>Sheila Ahmadi</strong><br />
PLOS ONE Journals, US<br />
Open-Access Research Article<br />
http://www.plosone.org<br />
<span id="more-17674"></span><br />
<strong>Abstract</strong><br />
Human beings routinely help strangers at costs to themselves. Sometimes the help offered is generous—offering more than the other expects. The proximate mechanisms supporting generosity are not well-understood, but several lines of research suggest a role for empathy. In this study, participants were infused with 40 IU oxytocin (OT) or placebo and engaged in a blinded, one-shot decision on how to split a sum of money with a stranger that could be rejected. Those on OT were 80% more generous than those given a placebo. OT had no effect on a unilateral monetary transfer task dissociating generosity from altruism. OT and altruism together predicted almost half the interpersonal variation in generosity. Notably, OT had twofold larger impact on generosity compared to altruism. This indicates that generosity is associated with both altruism as well as an emotional identification with another person.</p>
<p><strong>About the Authors</strong><br />
<strong>Paul J. Zak</strong>. Center for Neuroeconomics Studies and Department of Economics, Claremont Graduate University, Claremont, California, United States of America.<br />
<strong>Paul J. Zak</strong>. Department of Neurology, Loma Linda University Medical Center, Loma Linda, California, United States of America.<br />
<strong>Angela A. Stanton</strong>. Argyros School of Business &amp; Economics, Chapman University, Orange, California, United States of America.<br />
<strong>Sheila Ahmad</strong>i. Division of Endocrinology, Geffen School of Medicine, University of California Los Angeles, Los Angeles, California, United States of America.</p>
<p><strong>Citation</strong><br />
Zak PJ, Stanton AA, Ahmadi S (2007) Oxytocin Increases Generosity in Humans. PLoS ONE 2(11): e1128. doi:10.1371/journal.pone.0001128</p>
<p><strong>Article Source</strong><br />
http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0001128</p>
]]></content:encoded>
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