<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética &#187; Neurociencias</title>
	<atom:link href="http://www.prensaria.com/tag/neurociencias/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://www.prensaria.com</link>
	<description>Blog de Domingo Díaz - Neurofilosofía y Neuroética</description>
	<lastBuildDate>Tue, 06 Dec 2016 16:46:42 +0000</lastBuildDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.8.2</generator>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
			<item>
		<title>Neuronas espejo y empatía</title>
		<link>http://www.prensaria.com/neuronas-espejo-y-empatia/</link>
		<comments>http://www.prensaria.com/neuronas-espejo-y-empatia/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Dec 2013 13:04:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LAS PALABRAS Y LAS COSAS]]></category>
		<category><![CDATA[empatía]]></category>
		<category><![CDATA[Neurociencias]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroética y Cognición]]></category>
		<category><![CDATA[neuronas espejo]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroscience]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.prensaria.com/?p=18403</guid>
		<description><![CDATA[por Domingo Díaz &#124;
Para el neurocientífico Marco Iacoboni la empatía tiene su origen en un tipo de mecanismo neuronal en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>por</em> <a href="http://www.prensaria.com/que-es-prensaria/" target="_blank">Domingo Díaz</a> |</p>
<p>Para el neurocientífico Marco Iacoboni la empatía tiene su origen en un tipo de mecanismo neuronal en el que intervienen las neuronas espejo[1], puesto que el cerebro entendería lo que ve, determina el  sentir o sentimiento del sujeto:</p>
<div id="attachment_18433" class="wp-caption aligncenter" style="width: 430px"><a href="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/12/500px-gray728.gif"><img class="size-full wp-image-18433   " title="Principal fissures and lobes of the cerebrum viewed laterally" src="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/12/500px-gray728.gif" alt="500px-gray728" width="420" height="285" /></a><p class="wp-caption-text">Principal fissures and lobes of the cerebrum viewed laterally (imagen:<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/File:Gray728.svg#filelinks" target="_blank" rel="nofollow">Principal fissures and lobes of the cerebrum viewed laterally/Wikipedia</a>)</p></div>
<p><span id="more-18403"></span></p>
<blockquote><p>[…] el circuito de imitación central simularía (o imitaría internamente) las expresiones faciales emocionales de otras personas. Luego esta actividad modularía la actividad del sistema límbico (a través de la ínsula) donde la emoción relacionada con una expresión facial es percibida por el observador[2].</p></blockquote>
<p>¿De qué habla Iacoboni cuando habla de «empatía»? En este punto es evidente la influencia del laboratorio de Parma. Como él mismo comenta en <em>Las neuronas espejo</em>, fue el neurocientífico Vittorio Gallese quien propuso al equipo de investigación que las neuronas espejo cumplen una función determinante en la comprensión y en la empatía respecto a las emociones de otras personas. Además, Gallese transmitió al grupo su interés por la fenomenología de Maurice Merleau Ponty y trabajos de estética del psicólogo alemán Theodore Lipps, quien describiría la relación entre la obra de arte y el espectador como <em>Einfühlung</em> (empatía). Luego, Lipps hizo una ampliación de dicho concepto con el propósito de incluir a las interacciones interpersonales. Para ilustrar la forma de cómo percibimos los movimientos de los demás y los imitamos en nuestro cerebro, puso de ejemplo a un espectador que observa el trabajo de un volatinero en la cuerda. En el momento de la observación, todos los espectadores estaríamos dentro del acróbata[3].</p>
<p>El papel fundamental de la empatía en nuestra vida social es más que evidente, ya que nos permite compartir emociones, experiencias y necesidades comunes. Para Iacoboni, las neurociencias pueden confirmar la existencia de un vínculo fuerte entre las neuronas espejo y la empatía. Sin embargo, otras posturas más prudentes, advierten de que aún tenemos pocos datos que puedan confirmar que un sistema de neuronas espejo sea el substrato que permite atribuir intenciones a los demás. ¿Cuáles son estos indicios indirectos que ven los neurocientíficos para deducir la existencia de neuronas espejo en humanos? Los datos ofrecidos por las resonancias magnéticas muestran una mayor actividad en la zona cerebral que es homóloga al área del cerebro F5 de los monos. Sin embargo, estos estudios no pueden ofrecer una certidumbre en su totalidad.</p>
<p>Algunos neurocientíficos[4] consideran que nuestras respuestas empáticas para entender los estados mentales de los demás se explican mejor a partir de simulación, es decir, que podemos entender, por ejemplo, el sufrimiento de los demás porque nuestro cerebro simula una expresión facial de tristeza. Esta misma simulación puede trasladarse a otros estados, como el miedo, la ira, el desagrado, etcétera. La hipótesis de la simulación propuesta por Iacoboni puede parecer a primera vista satisfactoria, sin embargo, las evidencias que expliquen en su totalidad la correlación causa-efecto son aún insuficientes. Frente a esta hipótesis[5] se han presentado una serie estudios experimentales realizados con resonancias magnéticas (RMF). Aquí solo  mencionaremos dos ejemplos que pueden despertar nuestra atención acerca de lo que realmente sentimos en determinadas situaciones, de esta manera podremos confrontarlos con la hipótesis de la simulación.</p>
<p>Con el propósito de ahondar un poco más esta controversia, a continuación trabajaremos un par de ejemplos sencillos —el dolor ajeno y las expresiones son claves en la hipótesis de la simulación— que pueden ayudarnos a comprender esta controversia. Los argumentos trabajados originalmente por Patricia Churchland buscan desmontar parte del optimismo puesto en la «teoría de la simulación», además, se trata de ejemplos que podemos experimentar en forma personal y extraer nuestras propias conclusiones. En la primera argumentación, la autora analiza, desde su punto de vista —desde su fenomenología, dice textualmente— qué es lo que siente cuando ve que alguien llora después que una avispa le ha picado en el pié, siendo el contexto de la situación muy variado, ya que puede depender si el que llora es su bebé o un intruso que se ha colado en su jardín. Llevemos al extremo la situación y supongamos que quien ha recibido la picadura en un familiar muy cercano, por ejemplo, nuestro hijo. En tal caso, nosotros no sentimos literalmente el dolor del aguijón en nuestro pié. Lo que sí podemos sentir es un rechazo visceral al dolor y el impulso de asistir al infortunado con un antihistamínico[6]. El segundo argumento está relacionado con la observación, por ejemplo, de una persona enfadada que puede no generar ira en el observador, sino miedo, vergüenza o risa, todo esto dependiendo del contexto. Podemos reconocer el enfado, sin enfadarnos, y también el disgusto sin disgustarnos. Llevando el ejemplo al límite, también podemos sentir alivio o alegría si nuestro enemigo sufre algún dolor. Sin embargo, estos y otros escollos en forma de estudios experimentales no han podido mitigar el entusiasmo por las neuronas espejo.</p>
<p>Según Iacoboni, la imitación está estrechamente relacionada con la finalidad, el movimiento reflejo y un sistema de neuronas espejo. Todo este conjunto conforma el circuito central de imitación que se despliega en las acciones empáticas. Sin embargo, es necesario estar atentos a los datos disponibles, ya que estos no terminan de explicar cómo se produce la conducta imitativa. El tal sentido se han señalado dos objeciones que es oportuno tener en cuenta al momento de hacer una evaluación general de la hipótesis de la imitación basada en un sistema de neuronas espejo. La primera señala que el fenómeno espejo descrito en el experimento clásico con monos no es en realidad una imitación, puesto que el primate no imita lo que ve, ni sus músculos muestran algún movimiento relacionado. La segunda objeción, un metaanálisis[7] ha demostrado que no existen datos fidedignos de que el área 44 del cerebro humano participe durante los procesos de imitación. Estos estudios no demuestran que el sistema de neuronas espejo no participa en la imitación, tan solo nos muestra que:</p>
<blockquote><p>La presunta afirmación de que el área 44 forma parte del sistema humano de neuronas espejo y que por tanto forma parte del circuito básico de la imitación no es coherente con los datos de la IRMf que resalta las zonas que registran una mayor actividad durante la imitación[8].</p></blockquote>
<p>Los diferentes casos presentados por los neurocientíficos dan cuenta de que la hipótesis de la empatía asentada en simulación no está lo suficientemente probada. La idea de V. Gallese —asimismo, compartida por Iacoboni—, de que las neuronas espejo pueden funcionar como el asiento de nuestras experiencias de identificación y empatía, resulta muy interesante. Sin embargo, las críticas más agudas la han señalado como un intento más de hacer «encajar las neuronas espejo en los agujeros existentes en nuestras teorías»[9].</p>
<p>Como podemos comprobar, estos temas centrales en neuroética resultarían imposibles de tratar sin una ayuda tecnológica adecuada y los ensayos que las neurociencias están desarrollando en los laboratorios. Su importancia radica en una visión renovada, con datos actualizados y contrastados empíricamente, de aquellas preguntas que siempre han tenido en vilo a los filósofos. No obstante, desde la perspectiva filosófica, la prudencia, el análisis concienzudo y la crítica frente a las publicaciones sensacionalistas de alto impacto en el campo de las neurociencias serán siempre la mejor actitud hacia el camino del conocimiento seguro.</p>
<hr size="1" />Notas<br />
[1] En opinión de Iacoboni, las neuronas espejo componen una potente y compleja red torneada por el proceso evolutivo que nos permite reproducir en nuestro cerebro las acciones de otras personas.</p>
<p>[2] Patricia Smith Churchland and Carme Font Paz, El Cerebro Moral: Lo que la Neurociencia Nos Cuenta Sobre la Moralidad (Barcelona: Paidós, 2012), 166.</p>
<p>[3] Marco Iacoboni, Las Neuronas Espejo: Empatía, Neuropolítica, Autismo, Imitación o de Cómo Entendemos a los Otros, 1a ed., 2a. (Buenos Aires: (Arg): Katz, 2011).</p>
<p>[4] La explicación de la empatía propuesta por Iacoboni parte del circuito de imitación central que imita las expresiones faciales de otras personas. Esta actividad trabaja modulando la actividad del sistema límbico a través de la ínsula donde la emoción relacionada con una expresión facial determinada es percibida por un observador. Esta imitación precede al reconocimiento de los sentimientos, aportándonos una base para que podamos atribuir sentimientos a las demás personas. Véase Patricia Smith Churchland and Carme Font Paz, El Cerebro Moral: Lo que la Neurociencia Nos Cuenta Sobre la Moralidad (Barcelona: Paidós, 2012), 166.</p>
<p>[5] Si bien se han presentado varios estudios que ponen en entredicho la teoría de Iacoboni —de que la empatía depende de la simulación—, es quizás el de India Morrison y Paul Downing uno de los experimentos más cuidados con resonancia magnética funcional para probar la correlación de la actividad cerebral durante el dolor visto y sentido. Cuando los datos fueron analizado en su conjunto mostraron una activación conjunta de una pequeña región de la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior. Tomados así, los datos parecían confirmar la presencia de una conducta espejo propuesta por Iacoboni. Sin embargo, la media del grupo enmascaraba los resultados individuales que, una vez analizados uno por uno, el resultado fue diferente: En seis de los once sujetos se detectó una pequeña área activa tanto en condiciones de observación como de sentimiento; en los cinco restantes, por el contrario, las zonas activadas por el dolor visto y sentido no se solapaban. Los resultados de estos experimentos incrementaban el nivel de incertidumbre acerca de los datos analizados con la resonancia magnética. Ibid., 168.</p>
<p>[6] La sensación de rechazo se denomina «emoción homeostática». En este ejemplo P. Churchland pone de manifiesto que aproximadamente el 1% de la población puede sentir literalmente el mismo dolor y en el mismo lugar son personas que sufren una sinestesia al tacto. «El hecho de que las personas que sufren esas sinestesias sean solo una fracción diminuta de la población indica que el resto suele responder con sensaciones generalizadas de rechazo cuando alguien se queja del dolor de un aguijonazo». Ibid., 169.</p>
<p>[7] Se ha sugerido que el sistema de neuronas espejo proporciona un importante sustrato neural para la capacidad del ser humano de imitar. Las neuronas espejo se han encontrado durante las grabaciones unicelulares en monos en zona F5 y PF. Se cree que el equivalente humano de este sistema de espejo en los seres humanos es la pars opercularis de la circunvolución frontal inferior (área 44) y la parte rostral del lóbulo parietal inferior. El metaanálisis, usando la estimación de la probabilidad de activación (ALE activation likelihood estimation), reveló que el lóbulo parietal superior, lóbulo parietal inferior y el córtex premotor dorsal, pero no el giro frontal inferior, están implicado en la imitación. Un metaanálisis adicional, usando una revisión basada en etiquetas, confirmó que en el lóbulo frontal, la corteza premotora en lugar del giro frontal inferior, está constantemente activo en estudios que investigaron la imitación. En la región parietal los lóbulos parietales superiores e inferiores se activan igualmente durante la imitación. Los resultados sugieren que las regiones frontales y parietales, que se extienden más allá de la red de neuronas espejo clásico son cruciales para la imitación. Véase Pascal Molenberghs, Ross Cunnington, and Jason B Mattingley, «Is the Mirror Neuron System Involved in Imitation? A Short Review and Meta-Analysis», Neuroscience &amp; Biobehavioral Reviews 33, no. 7 (2009): 975–980, http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S014976340900044X (accessed December 16, 2012).</p>
<p>[8] Patricia Smith Churchland and Carme Font Paz, El Cerebro Moral: Lo que la Neurociencia Nos Cuenta Sobre la Moralidad (Barcelona: Paidós, 2012), 171.</p>
<p>[9] Susan S. Jones, «The Role of Mirror Neurons in Imitation: A commentary on V. Gallese», ed. Susan Hurley and Nick Chater, vol. 1 (Cambridge, MA, US: MIT Press, 2005), 205–210.</p>
<hr size="1" />Referencias Bibliográficas<br />
Churchland, Patricia Smith, and Carme Font Paz. El Cerebro Moral: Lo que la Neurociencia Nos Cuenta Sobre la Moralidad. Barcelona: Paidós, 2012.</p>
<p>Iacoboni, Marco. Las Neuronas Espejo: Empatía, Neuropolítica, Autismo, Imitación o de Cómo Entendemos a los Otros. 1a ed., 2a. Buenos Aires: (Arg): Katz, 2011.</p>
<p>Jones, Susan S. «The Role of Mirror Neurons in Imitation: A commentary on V. Gallese». edited by Susan Hurley and Nick Chater, 1:205–210. Cambridge, MA, US: MIT Press, 2005.</p>
<p>Molenberghs, Pascal, Ross Cunnington, and Jason B Mattingley. «Is the Mirror Neuron System Involved in Imitation? A Short Review and Meta-Analysis». Neuroscience &amp; Biobehavioral Reviews 33, no. 7 (2009): 975–980. http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S014976340900044X (accessed December 16, 2012).</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.prensaria.com/neuronas-espejo-y-empatia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¿La molécula de la moral? (Iª Parte)</title>
		<link>http://www.prensaria.com/la-molecula-de-la-moral-i-parte/</link>
		<comments>http://www.prensaria.com/la-molecula-de-la-moral-i-parte/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 23 Mar 2013 11:41:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LAS PALABRAS Y LAS COSAS]]></category>
		<category><![CDATA[BIOÉTICA-ÉTICA APLICADA]]></category>
		<category><![CDATA[Neurociencias]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroeconomía]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroethics]]></category>
		<category><![CDATA[NEUROÉTICA-NEUROCIENCIA]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.prensaria.com/?p=17704</guid>
		<description><![CDATA[por Domingo Díaz &#124;
La oxitocina (neuropéptido o cadena de aminoácidos) es una hormona relacionada con los patrones sexuales y con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>por</em> <a href="http://www.prensaria.com/que-es-prensaria/" target="_blank">Domingo Díaz</a> |</p>
<p>La oxitocina (neuropéptido o cadena de aminoácidos) es una hormona relacionada con los patrones sexuales y con la conducta maternal y paternal que es liberada por la glándula pituitaria o hipófisis. Esta hormona se encuentra en todos los vertebrados, aunque la evolución de los mamíferos la adaptó al cuidado de la descendencia y la ampliación de los círculos sociales.</p>
<div id="attachment_17703" class="wp-caption aligncenter" style="width: 430px"><img class="size-full wp-image-17703           " style="margin-top: 4px; margin-bottom: 4px;" title="Modelo CPK de la molecula Oxitocina" src="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/03/molecula.jpg" alt="CPK model of the Oxitocin molecule" width="420" height="284" /><p class="wp-caption-text">Modelo CPK de la molecula Oxitocina (imagen: <a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:OxitocinaCPK3D.png" target="_blank" rel="nofollow">MindZiper/Wikipedia</a>)</p></div>
<p><span id="more-17704"></span><br />
En  <em>La Molécula de Moral. La fuente de amor y prosperidad </em>(Flanagan-Cato 2012), el neuroeconomista Paul J. Zak describe una intersección fascinante de la neurociencia, la antropología cultural, la economía, la filosofía y la política. Sus principales estudios relacionan la oxitocina con la confianza social, una investigación biológica de la conducta ética. La fuente de esta relación la encontramos en un experimento económico realizado en 2005 (Zak, Stanton, and Ahmadi 2007) en el cual se analizó el comportamiento de los participantes que, para asombro de Zak, los individuos que presentaban una mayor confianza en el comportamiento pro-social eran quienes tenían un mayor nivel de oxitocina en la sangre.</p>
<p>El investigador considera que este péptido, favorecido por la evolución, promueve el comportamiento maternal y social, incluso la monogamia en una variedad de especies. Muchos de los comportamientos sociales que no pueden ser explicados por la oxitocina están asociados a variaciones en la testosterona, por ejemplo, las diferencias en el comportamiento sexual, la infidelidad, la aplicación de reglas y la agresión. Asimismo, diversos problemas de comportamiento, adquiridos ya sea por maltrato en el crecimiento o problemas congénitos, tales como el autismo o la psicopatía, pueden estar relacionados con una disfunción de oxitocina. A pesar de que estos problemas específicos de salud mental son notablemente diferentes, los individuos afectados y la sociedad misma se beneficiarían considerablemente si las investigaciones sobre la oxitocina dan pistas para tratar y prevenir estos graves problemas de conducta.</p>
<p>Por otra parte, el doctor Zak propone que las actividades de la comunidad, tales como el baile, la vida en la naturaleza y la búsqueda espiritual promueven la liberación de oxitocina proporcionando una sensación de bienestar general. Además de las aplicaciones clínicas, las investigaciones acerca de la oxitocina pueden traducirse en enfoques de psicología positiva, ya que uno mismo puede proveerse los regímenes de higiene emocional con dosis adecuadas de convivencia —y de oración, según sea el caso—, ideadas para mejorar nuestra secreción de oxitocina.</p>
<p>Referencias<br />
Flanagan-Cato, Loretta M. 2012. «Are You Responsible for Your Hormones?» <em>Cerebrum-Dana Foundation</em>. http://www.dana.org/news/cerebrum/detail.aspx?id=39296.</p>
<p>Zak, Paul J, Angela A Stanton, and Sheila Ahmadi. 2007. «Oxytocin Increases Generosity in Humans.» <em>PLOS ONE</em> 2 (11): e1128. doi:10.1371/journal.pone.0001128. http://dx.plos.org/10.1371%2Fjournal.pone.0001128.</p>
<p><em><em> </em></em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.prensaria.com/la-molecula-de-la-moral-i-parte/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>De qué hablamos cuando hablamos de «neuroética»</title>
		<link>http://www.prensaria.com/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-neuroetica/</link>
		<comments>http://www.prensaria.com/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-neuroetica/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 15 Mar 2013 10:18:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Domingo Díaz Amato. Neurofilosofía &#38; Neuroética</dc:creator>
				<category><![CDATA[LAS PALABRAS Y LAS COSAS]]></category>
		<category><![CDATA[Bioethics]]></category>
		<category><![CDATA[Investigadores]]></category>
		<category><![CDATA[Neurociencias]]></category>
		<category><![CDATA[Neuroethics]]></category>
		<category><![CDATA[NEUROÉTICA-NEUROCIENCIA]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.prensaria.com/?p=17632</guid>
		<description><![CDATA[por Domingo Díaz &#124;
El nacimiento de la neuroética en 2002 se produce como una consecuencia directa del desarrollo progresivo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>por</em> <a href="http://www.prensaria.com/que-es-prensaria/" target="_blank">Domingo Díaz</a> |</p>
<p>El nacimiento de la neuroética en 2002 se produce como una consecuencia directa del desarrollo progresivo de la neurociencias en los últimos veinte años. Al ver la luz los resultados de los laboratorios neurocientíficos —una imbricada red de complejos tecnológicos computacionales, equipos legales, neurobiología y psiquiatría, entre otras disciplinas— pronto fueron recogidos como materia de discusión por filósofos, bioeticistas y juristas, dando nacimiento a las dos vertientes que componen actualmente la neuroética: como ética de la neurociencia (bioética o ética aplica) y neurociencia de la ética. Por su parte, la filósofa sueca Kathinka Evers distinguirá entre «neuroética aplicada» y «neuroética fundamental» (Evers 2011, 13), siendo esta última la encargada de buscar los fundamentos que puedan sostener una ética o moral basada en el cerebro. Sin embargo, ambas vertientes están abocadas a cooperar mutuamente en la investigación y compartir los resultados.</p>
<div id="attachment_17634" class="wp-caption aligncenter" style="width: 430px"><img class="size-full wp-image-17634              " style="margin: 4px;" title="Fmrtuebersicht" src="http://www.prensaria.com/wp-content/uploads/2013/03/512px-Fmrtuebersicht.jpg" alt="512px-Fmrtuebersicht" width="420" height="284" /><p class="wp-caption-text">Imagen por IRMf (imagen: <a href="http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fmrtuebersicht.jpg" target="_blank" rel="nofollow">Martin Witte/Wikipedia</a>)</p></div>
<p><span id="more-17632"></span><br />
El neurocientífico Michael S. Gazzaniga, uno de los pioneros en sostener la posibilidad de una ética fundamentada en el cerebro, presentó en 2006 <em>El cerebro ético</em> con el fin de mostrar que los códigos de conductas anclados en el cerebro humano son parte del fundamento que sostiene a la ética y, por extensión, a la vida política y social. Si bien muchas de las ideas trabajadas por Gazzaniga ya se encontraban en la en la sociobiología (Conde 1985), el neurocientífico da un paso más allá al postular la «universalidad de una ética basada en el cerebro», por cierto, una hipótesis muy criticada por Adela Cortina (Cortina 2011, 77) al considerar que, si bien existen aportes muy importantes de las neurociencias, aún es prematuro hablar de «universalidad» y que sólo puede haber un aporte a la educación moral. Quizás Cortina tenga razón en su análisis contra la «universalidad» de una ética fundamentada en el cerebro. Lo que no podemos evitar reconocer son las evidencias aportadas por las neurociencias en puntos clave que pueden ayudarnos a esclarecer ciertos territorios conceptuales de la conducta moral humana (Churchland and Paz 2012) y que, paulatinamente, están siendo revisados, eso sí, alejados de cualquier ética discursiva, normativa y religiosa.</p>
<p>Una cuestión central en neuroética, relacionada con lo que venimos comentando, es evaluar de qué modo las neurociencias trabajan y obtienen sus resultados, asimismo, la validez y certidumbre de dichos estudios. Las investigaciones con técnicas invasivas de implantes de electrodos en el cerebro han permitido llegar a resultados asombrosos. Como ejemplo del uso de esta tecnología podemos citar los famosos experimentos con monos <em>Reshus</em> llevado a cabo en Parma, Italia, en el laboratorio de G. Rizzolatti en la década de los noventa y que luego abriría el camino a la explicación de las neuronas espejo como la base de la empatía y una teoría de la mente. Sin embargo, por cuestiones legales estas técnicas invasivas están prohibidas en humanos y primates de mayor tamaño, por este motivo sólo ha sido posible estudiar la actividad cerebral en humanos a través de técnicas no invasivas como son los escáneres cerebrales IRMf (Imagen por resonancia Magnética funcional) y TAC (Tomografía Axial Computarizada). Tales estudios luego fueron comparados con las zonas cerebrales que presentaban mayor estímulo eléctrico en los monos, determinándose por analogía, que los cerebros humanos también poseen neuronas espejo. El equipo de Rizzolatti interpretó estos datos en el sentido de que las neuronas espejo representan una «finalidad» e «intención» (Churchland and Paz 2012, 153), es decir, permitía a la neurobiología comprender los estados de la atribución mental.</p>
<p>Como vemos, todas estas investigaciones serían imposibles sin un desarrollo tecnológico adecuado que ofrezca un soporte sólido a las investigaciones. Muchas de las futuras hipótesis y conclusiones de la neuroética dependerán, al igual que las neurociencias, de este aporte tecnológico, asimismo, de una estrecha colaboración interdisciplinar. La neuroética aplicada, cercana a la bioética, describe el marco ético-legal en que estas investigaciones se llevan a cabo y hacia dónde se desvía el uso de la información captada por las neurociencias —así mismo, técnicas de imagen o el uso de <em>smart drugs</em> para el perfeccionamiento cognitivo—. La neuroética fundamental, por su parte, investiga de qué manera el conocimiento del cerebro y su evolución pueden mejorar nuestra comprensión de la identidad personal, de la conciencia y de la intencionalidad, incluyendo la comprensión del desarrollo del pensamiento moral y del juicio moral (Evers 2011, 28).</p>
<p>Referencias<br />
Churchland, Patricia Smith, and Carme Font Paz. 2012. <em>El Cerebro Moral: Lo Que La Neurociencia Nos Cuenta Sobre La Moralidad</em>. Barcelona: Paidós.</p>
<p>Cela Conde, Camilo José. 1985. <em>De Genes, Dioses y Tiranos: La Determinación Biológica De La Moral</em>. Vol. 422. Madrid: Alianza.</p>
<p>Cortina, Adela. 2011. <em>Neuroética y Neuropolítica: Sugerencias Para La Educación Moral</em>. Madrid: Tecnos.</p>
<p>Evers, Kathinka. 2011. <em>Neuroética: Cuando La Materia Se Despierta</em>. Vol. 3071. Buenos Aires; Madrid: Katz.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://www.prensaria.com/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-neuroetica/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
